Opinión

La poética de Miguel de Santiago

La poesía de Miguel de Santiago, sacerdote, periodista, redactor jefe de la revista "Ecclesia" y alma mater del programa "Últimas preguntas" de TVE, es antropología. Y lo es porque es teología y la teología deviene en palabra y sentido, ritual de lo humano y cauce de lo divino.

Un último soneto publicado, como si fuera movimiento final de un alarga sinfonía, sintetiza el secreto de la obra poética completa de Miguel de Santiago, que se acaba de editar bajo los auspicios y la empresa de la Universidad del episcopado español, con el título "El camino del alma hacia el Amor. Obra poética y comentarios".

Dice así el terceto conclusivo del poema "Súplica esperanzada en la orfandad":

"Y, cansado de andar a la deriva,/ quiero abrazarme al leño de esta cruz/ para esperara la paz de otra mañana".

Igual estoy equivocado, pero considero que, para ciertos niveles de lectura, la poesía no necesita ni pide explicaciones que emborronen el alma de esas santas coyundas. Lo que la poesía demanda del lector es silencio y gusto, sensibilidad e inteligencia, aventura y pasión. Todos y cada uno de los poemas de Miguel de Santiago se han escrito "a zaga de la huella" que diría san Juan de la Cruz, el maestro. Por eso el esfuerzo editorial de publicar los seis poemarios completos, y un añadido comentario del autor, es una sobrecarga, una sobredosis, de poesía y prosa poética de compleja digestión.

El lector puede disfrutar de la obra poética de este consagrado periodista no como la acumulación casual de versos sueltos. Los poemarios "Catálogo de insomnios", "Parábolas del sueño", "Vigilia", "Recordatorio", "Variaciones sobre una partitura de Vivaldi" y el inédito "La siega", que es una joyita, son un estallido del alma de quien es un hijo de la Tierra de Campos, un espacio de infinitud que obliga a quienes lo habitan a ejercitar el noble vuelo de las águilas. Esta obra es espejo de confesiones, susurro de debilidades, testimonio y testamento de agradecimientos. Dios que atrapa y agota, y la vida que consume. Cristo y la Iglesia que acompañan. La familia, la infancia, las lágrimas, el llantos, esas lágrimas y ese llanto de Miguel de Santiago que inundan su memoria.

No es habitual que, en la poesía de calidad contemporánea, sea frecuente la inspiración evangélica de los poemas que son glosas de la existencia. Hay una notable carencia cultural de poesía religiosa de calidad. Una carencia que es síntoma de la ausencia de una iniciativa por dedicar personas, recursos y esfuerzos a la creación poética de inspiración cristiana.

Cuando un lector aficionado al dulce baile de la palabras y de los sentidos se encuentra con una obra poética que recorre las etapas de la vía mística, no puede más que, en silencio, al calor del hogar que le enseño a leer la vida, gozar de la poesía. En esta ocasión de Miguel de Santiago, premio Fernando Rielo, entre otros.

Ah, y dar gracias a Dios por la amistad de quien es capaz de hacer más ancho, más profundo y más respirable nuestro mundo.

Todo es gracia.

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