Opinión

No se pierdan el próximo Católicos y Vida Pública

Congreso Católicos y Vida Pública.
photo_camera Congreso Católicos y Vida Pública.

Llega el mes de noviembre. En la agenda eclesial hay dos fechas fijas, la Asamblea Plenaria de los obispos y la celebración del Congreso Católicos y Vida Pública, que llega a su edición 24.

Esta edición servirá para calentar motores respecto de la del próximo año, el de las bodas de plata con los congresistas y con la sociedad eclesial.

Lo primero que se debe destacar de este Congreso es el acto de presentación de este próximo jueves, a cargo de la directora general de las Cruzadas de Santa María, Lydia Jiménez.

En esta ocasión no será un cardenal, ni un arzobispo, ni un obispo. Será un mujer, de Iglesia y en la Iglesia, la que presentará una edición del Congreso que, en cierta medida, tiene continuidad con la anterior. 

Por cierto que si hay una persona que está de moda en los ambientes eclesiales es Lydia Jiménez. Los lectores de Religión Confidencial están al día de todo, o de casi todo.

Personalmente de la obra de las Cruzadas de Santa María lo que más me interesa es lo que están haciendo no en España sino en Alemania. El trabajo en la Universidad, la casa de Ejercicios, retiros y convivencias que acaban de abrir allí. Se ve que no rehúyen los espacios de frontera.

Pero vamos a la edición de este año. El título, que ciertamente es poco periodístico, “Proponemos la fe, transmitimos un legado” viene a decirnos que la propuesta cristiana es eso, una propuesta. Nos e impone, se propone.

Una propuesta válida, para esta sociedad, que necesita ser verificada por quienes la reciben con la evidencia del testimonio, de la coherencia. Esta propuesta se hace en el contexto de una sociedad y de una cultura, de un tiempo.

Ese proceso de transmisión de la fe –concepto que eclesialmente ahora parece que está en desuso, pero que hace no mucho centraba no pocas ocupaciones y preocupaciones- se hace en el marco contextual de lo que se entiende como un legado. Por lo tanto, de lo que habla este Congreso es de tradición, de la Tradición con mayúsculas y de las tradiciones, que también conforman la historia, con minúscula.

Quizá porque algunos reduccionistas de sí mismos, habitualmente interesados por alguna causa, piensan que quien habla de la tradición es un tradicionalista, utilizar legado me parece una buena opción.

No olvidemos que la Iglesia no existe sin Tradición, es decir, sin vida que se lega y articula en la historia, y que esa Tradición fecunda las tradiciones internas, y las externas, y no permite ningún tipo de anquilosamiento, ni de estancamiento en la contingencia del tiempo.

Pensar en cómo la fe se propone en medio de un legado histórico no es un ejercicio ni de rigidez ni de nostalgia.

Uno de los problemas actuales de la sociedad, y quizá también de cierta Iglesia, es el adanismo,  considerar que estamos inaugurando una época de absoluta novedad, un tiempo nuevo, una Iglesia nueva.

Es decir, que nosotros, nuestra época, es protagonista de un tiempo que no tiene dependencia, por tanto, que no asume la responsabilidad de la transmisión, de ese legado vivificador que no es un lastre sino un aliciente y una condición de la esperanza.

En resumen, que no se pierdan el próximo Congreso Católicos y Vida Pública, -mucho menos el taller del P. Santiago Cantera-, Congreso organizado por la ACdP en un momento en el que está sufriendo alguna llamativa campaña.

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