Opinión

¿Qué pasa en la Iglesia en Alemania?

Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana.
photo_camera Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana.

El nombramiento de una secretaria general de la Conferencia Episcopal Alemana ha centrado la atención de los medios y ha sido interpretado como un paso más hacia no sé muy bien dónde. O sí.

El hecho en sí mismo no tiene más trascendencia. Una mujer secretaria de un puesto ejecutivo, en un organismo de coordinación y gestión, no debe ser un problema, mientras no tenga que ejercer funciones relacionadas con el ministerio. No hace falta recurrir al debate sobre potestad de orden y/o potestad de jurisdicción.

Otra cosa es su teología y lo que piensa. Mejor será una mujer, maja, simpática, agradable, que un hombre, de negro, o con corbata y con complejos.

Por cierto que hubo un tiempo que la hermana María Rosa de la Cierva, en la CEE, hacía más que el secretario. Si estuviera ahora en plena forma, tendrían los obispos una candidata perfecta.

Les apunto por cierto un nombre que no deben olvidar,  Raquel Pérez Sanjuán, la secretaria de la Comisión de Educación y Cultura, teresiana del P. Poveda, un valor en alza. Hablan maravillas de su inteligencia y eficacia. La candidata perfecta para que los españoles sigan los pasos de los alemanes.

Pero vayamos al tema que nos ocupa. El problema de la Iglesia en Alemania, que vive un cisma de facto, no se soluciona con una secretaria de los obispos. Ni tampoco con una Asamblea Sinodal, que agudizará más las patologías.

El problema es el siguiente, en datos espigados. 

En Magdeburgo, y en otras ciudades del este de Alemania, el número de la población cristiana es del 8%, sumando todas las confesiones, cifra no superior a la de Shangái o Bagdag.

Desde el año 2000, la Iglesia católica en Alemania ha desacralizado, demolido o vendido 515 iglesias.

Un estudio de la Universidad de Múnster señala que la filiación a la iglesia católica ha caído en un 27% de media acumulado en los últimos años. Pero la Iglesia protestante ha pasado de un 59% a un 29%

La diócesis de Múnich, en la que se saludaba con un Gruess Gott (saludo de Dios), tiene una veintena de seminaristas.

Stephan Ackermann, obispo de Trier, la diócesis alemana más antigua, anunció hace tiempo que este año pasado, de novecientas parroquias se reducirían a 35.

En 2015, y desde entonces se confirma esta tendencia, se ordenaron en toda Alemania 58 sacerdotes. En 2005, 122; en 1965, 500. 

La Iglesia católica alemana es la segunda empresa empleadora más importante del país.

Ustedes me dirán que el camino sinodal se hace para paliar esta crisis, para dar una respuesta. La impresión es que las decisiones que se han tomado no solo no palian el problema sino que lo agudizan.

No olvidemos que en la “Basílica de san Pedro del protestantismo”, el vicario de la Stadtkirche St. Marien zu Wittenberg, la Iglesia de Lutero, el pastor Johannes Block, se lamentaba hace poco de que cada domingo predica a menos de cien fieles, en una ciudad de 135.000 habitantes llamada Lutherstadt (ciudad de Lutero).

Datos entresacados a vuela pluma de un libro del que les hablaré en profundidad más adelante: “¿El último papa de occidente?”, de Giulio Meotti, Encuentro. Y no añado las cifras de Bruselas, o de Holanda...

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