Opinión

Un papa que nos deja boquiabiertos

La primera pregunta que le hicieron al Papa los periodistas en el avión de regreso a Roma, de un viaje que pasará a la historia, fue la dedicada a los gestos. Y no la del celibato, por cierto. Si esos gestos suyos, que ya definen este pontificado y que han sintetizado el espíritu de un viaje que se ha colado en el mundo de la información más por las fotos que por los textos, son espontáneos o están diseñados previamente.

El Papa Francisco contestó que “los que son más auténticos, son los que no se piensan, son los que surgen, vienen. Yo pensé, bueno, se podrá hacer algo, pero los gestos concretos, ninguno fue pensado en sí”. Y añadió una reflexión referida al anuncio del encuentro de oración de los dos presidentes en Roma. “Esto sí fue pensado un poco, pero de hacerlo allá (en Israel), pero había tantos problemas logísticos -ellos tienen que tener en cuenta el territorio, dónde se hace y no es fácil. Al final espero que salga bien. Pero no fueron pensados, no sé, a mi me sale de hacer algo de espontáneo. Es así”.

Sobre esta iniciativa, el diario “La Vanguardia” publicó esta semana el testimonio de la llamada telefónica que el Papa hizo el viernes pasado al corresponsal de ese diario en Jerusalén, Henrique Cymerman, quien comió con el Papa en abril de 2013. La persona que facilitó ese encuentro es el rabino argentino Abraham Skorka, comensal también.

El Papa Francisco, según el testimonio del periodista, le expresó su preocupación por las dificultades que estaba encontrando la idea, surgida en el citado almuerzo, de tener un momento de oración por la paz con los jefes de Estado de Israel y de Palestina. La idea del Papa, según Cymerman, “era que estuvieran acompañados por Skorka y por el líder musulmán argentino, Omar Abbout”.

El Papa le contó a Henrique las dificultades que ponía el presidente palestino para acudir a Jerusalén o a Jericó por el hecho de tener que pasar por los controles militares israelíes. Situación que le llevó al Papa a pensar que lo mejor sería un encuentro de ambos fuera de ese territorio, en Roma.

A partir de ahí, cuando el Papa saluda a Cymerman en el avión, le hizo una confidencia respecto al encuentro. Le apunta que hablaría con el residente Abas y que lo quiere anunciar en Belén. Un ofrecimiento, el encuentro de ambos líderes en Roma, que hizo el Papa nada más saludar a cada uno de ellos, y que dejó noqueado al traductor de turno, entre otras razones porque lo hacía siempre en italiano.

Concluye Zymerman: “Ya desde que era cardenal en Argentina, a Francisco le ha gustado sorprender y, una vez más, ha conseguido dejarnos a todos boquiabiertos”.

José Francisco Serrano Oceja


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