Opinión

Los obispos ahora juegan fuerte

Rueda de prensa Cremades y Omella sobre abusos.
photo_camera Rueda de prensa Cremadres y Omella.

No tenía muy claro si titular esta columna “El movimiento de la Iglesia en España con la pederastia” o “Cremades se la juega”. He ido más por la síntesis porque bastante publicidad ha tenido este despacho ya. Como dicen en la tierra de mis referentes, “a vaquiña po lo que vale”.

Lo primero que hay que decir es que la Iglesia ha hecho un importante movimiento en el complejo tablero de ajedrez de la percepción social de lo que hace con la pederastia, o en los varios tableros –porque esta partida se juega en mesas superpuestas-. Y ha sorprendido. Esto es bueno.

Era difícil porque no podía sonar como un giro argumental respecto a lo que se venía diciendo. Tenía que ser percibido como una evolución y un progreso y no una rectificación en toda regla. La hemeroteca siempre es puñetera.

En el contexto de las aún no declaradas comisiones políticas de investigación de la pederastia, se introduce un factor que va a obligar a los otros actores a cambiar de estrategia.

Es más, la Iglesia no solo podrá decir ya que tiene una comisión independiente, sino que la ha convertido en su interlocutora hábil de hecho. De ahí la primera llamada de Javier Cremades a Gabilondo para un por si acaso.

La segunda cuestión es el modelo híbrido español, la vía española tal y como la venimos denominando desde hace meses. La cuestión aquí es clarificar esa vía española. En la rueda de prensa se presentaron los marcos generales, pero como dice la epistemología, no hay ciencia sin método, no hay investigación sin método y ahí te quiero ver, morena.

No parece que varias preguntas sobre el método estén del todo aclaradas. Quizá porque este método se está construyendo “in fieri”, que dirían los escolásticos, es decir, a medida que se va trabajando. O porque revelar el método es revelar la madre del cordero.

Pongo un ejemplo. De Alemania nos vinieron dos investigaciones promovidas por dos diócesis: la de Munich y la de Colonia. Quien haya estudiado esta cuestión sabe de la distancia entre una y otra. Como no he tenido acceso al original íntegro de la rueda de prensa, no sé si se hizo referencia a la investigación de Colonia. Sí he leído que se hizo a la de Munich –al despacho de abogados que la llevó adelante-. Con lamentables resultados, por cierto.

Si hay un referente alemán, que también había que pensar si debe haberlo en la vía española, no sería Munich sino Colonia.

Y tercero, la comunicación. Dos ideas. El proceso estaba bien planificado y ejecutado, se veía que había horas de trabajo previo. Buen asesoramiento por tanto. Pero no hay que olvidar que la comunicación es dinámica y no lo es todo.

La comunicación precipita procesos, es autorreferente, crea exigencias. Pero la realidad no puede solo bailar al son que toca la comunicación. Disfunciones temporales a la vista. Máxime en una institución de una complejidad tal como la Iglesia.

Nos tenemos que alegrar por este movimiento y no dudo de que nos alegraremos por sus frutos y consecuencias.

Y, por favor, dejemos las anécdotas y los estereotipos, por muy efectistas que sean, para otro momento. Deslegitimar el proceso porque Javier Cremades sea del Opus Dei me parece de risa. Una cantinela demasiado vieja.

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