Opinión

Un obispo que sabe de Lutero

Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, S.J. , obispo auxiliar de Madrid, no suele llevar comparsa mediática a sus intervenciones públicas. Camina ligero de equipaje y en silencio fecundo.

De ahí que no sea frecuente que nos enteremos de lo que dice y de lo que hace públicamente. Y bien que merece la pena saber de su pensamiento y de sus escritos que están acrisolados por la finura de matices y por el estudio profundo.

Acaba de aparecer en las librerías el volumen editado por don Juan Antonio, “Víctimas y mártires. Aproximación histórica y teológica al siglo XX”. Un libro en el que se recopilan las intervenciones del primer seminario celebrado en La Granda, Asturias. No hay que perderse la aportación de monseñor Martínez Camino, en un texto que, sin lugar a dudas, es una de las más significativas aportaciones actuales a la teología del martirio. Dada la trascendencia de esta aportación habrá que volver sobre él en breve.

Ese fecundo silencio de monseñor Martínez Camino se rompió hace bien poco en Madrid. El actual obispo auxiliar pronunció hace unos días una conferencia con el sugerente título, “Lutero, ¿Reforma o Ruptura?”, en el Foro San Juan Pablo II de la Basílica de la Concepción de Ntra. Sra., en la calle Goya. Una iniciativa de su singular párroco, el sacerdote José Aurelio Martín. 

Fueron muchas y muy jugosas las afirmaciones de monseñor Martínez Camino en esa conferencia. Dijo, por ejemplo, que “una ruptura de la unidad no puede ser nunca una verdadera reforma”.

Sus pensamientos, acrisolados por un estudio a fondo de la cuestión y un no menor acierto, en la selección de los aspectos de este tema tan amplio, se iban desgranando acompasados por un silencio en la sala que también era una forma de asentimiento. 

“Un buen ecumenismo- señaló el ponente- es una labor ineludible de los católicos. No podemos celebrar la Reforma como ruptura de la unidad de la Iglesia. Lo que celebramos conjuntamente es a Jesucristo en quien los luteranos creen. Antes de Lutero ya había en España una verdadera reforma”.

Monseñor Martínez Camino recordó que Hubert Jedin, un gran historiador alemán, decía que un cristiano que quiere ser católico, puede tener razones de conciencia personal para no obedecer una determinada autoridad, pero no para romper la unidad de la Iglesia, que es lo último e impensable para un cristiano.

También se refirió a lo que escribiera una persona de quien el obispo auxiliar de Madrid sabe mucho, el teólogo evangélico Wolfhart Pannenberg, quien señalara a propósito de la reforma que  “el fracaso de la reforma fue la creación de un aparato eclesiástico. Lutero no entendía bien lo que era la Iglesia”.

La política, la filosofía y la falta de una eclesiología auténtica fueron las causas de la ruptura.

Y así estamos. 


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