Opinión

De Madrid al cielo o la Iglesia ni gana, ni pierde

Obispos de la provincia eclesiástica de Madrid.
photo_camera Obispos de la provincia eclesiástica de Madrid.

No sé si es cierto que la frase “De Madrid al cielo” hay que atribuirla a la migración diaria de las almas de los difuntos desde el Cerro Garabitas al cielo. O quizá, y es lo más probable, a la obra de Luis Quiñones de Benavente, “Baile del invierno y del verano”, con aquellos versos: “Pues el invierno y el verano, en Madrid solo son buenos, desde la cuna a Madrid, y desde Madrid al Cielo”.

Hasta que no tengamos los datos del voto de los católicos –esperemos que no sean solo los de CIS- no podremos hacer afirmaciones basadas en el conocimiento más o menos científico. Ahora solo contamos con intuiciones basadas en ciertas evidencias.

Primera. Convendría que los sacerdotes del Foro de Curas de Madrid, beneméritos, sin duda, que pidieron no votar a PP y VOX, se congregaran en unos Ejercicios Espirituales ignacianos, aunque sea con el más famoso de los jesuitas españoles. Quizá pudieran pedir a San Dámaso un curso de reciclaje y actualización en la Doctrina Social de la Iglesia. O simplemente darse cuenta de que el profetismo que practican se quedó en los setenta. Y no solo este grupo de curas, alguna tabla redonda también.

Lo que dijeron indica también que viven en entornos ideológicos y politizados. Si no, sus afirmaciones no serían tan rocambolescas. Pero ésa es otra historia.

Segunda. Hay que agradecer a los obispos de la Provincia Eclesiástica, plurales en su composición y en su comprensión, que publicaran una Nota ante las elecciones del 4M. Porque parece que los católicos madrileños han interpretado los criterios de la Nota hacia un gobierno mayoritario de la derecha. Supuesto el caso de que los católicos en Madrid sean un grupo sociológicamente relevante. Los católicos que han votado a la izquierda, que los hay y no son pocos, aunque menos que los que han votado a la derecha, no la han interpretado de la misma forma.   

Tercero. Es evidente que existe una polarización social. Y no pequeña. El trabajo de la Iglesia es la unión, la reconciliación.  Pero la clave es desde qué presupuestos se hace esa tarea. ¿Desde los que piensan que los ideologizados son solo los católicos de derechas?

En la práctica la polarización se agudiza cuando aparecen modelos simbólicos. Ayuso no es Ayuso, es el simbolismo de una forma de hacer política, marcando la diferencia. Y en lo que nos afecta, la forma de hacer política de Ayuso es más importante que ella misma. Forma que habla de una derecha popular, en todos los barrios y estratos sociales.

Esa forma simbólica significa que en Madrid, desde hace treinta años, se ha apostado a fondo por una educación en libertad que ha potenciado la iniciativa privada y también eclesial. La colaboración de la Comunidad con la Iglesia es un lugar común de colaboración autónoma, que es lo propio. En este sentido la Iglesia es percibida como una interlocutora social que tiene algo que decir a la sociedad, a la que se le respeta. Un dato, por ejemplo, es lo referido al patrimonio y a la cultura, en donde la colaboración entre instituciones es estrecha.

Hablando de historia. Lo que representa Ayuso es también la forma política heredera de la colaboración en los grandes eventos eclesiales que se han celebrado en Madrid, en la época del catolicismo de masas y en la calle. Un lugar destacado lo ocupa la Jornada Mundial de la Juventud de Benedicto XVI, en 2011. Por cierto que este año se cumple el décimo aniversario y no sé si alguien se ha enterado.

 Está claro que, siguiendo la doctrina clásica, la Iglesia ni apoya, ni alienta, a ningún partido político. Está en otra esfera, en otro orden.  Ni el PP de Ayuso, o Ayuso, es la salvación, ni la garantía última para la propuesta cristiana. Pero lo que no se puede negar es que su forma de hacer política, deficiente en no pocos ámbitos como los referidos a las políticas antropológicas o de la vida, permite una propuesta social, la cristiana, sin censuras, ni formas de limitación privada o pública. 

No quisiera yo ahora hablar del catolicismo madrileño, que decía Ortega y Gasset. Que no es tan difícil de comprender, ni asumir, vamos.

La fascinación que en determinados ámbitos eclesiales, incluso entre determinados líderes, ejerce la izquierda y los partidos de izquierda no debe cegar el baño de realismo de un 4 de mayo que traerá no pocas consecuencias. Hace tiempo me llamó la atención las carencias –y buenas relaciones- de ciertos líderes eclesiales por Más Madrid. No puedo negar que tienen buena vista.

Con el 4 de mayo, la Iglesia no gana, ni pierde. Otra cosa es la sociedad y los católicos como ciudadanos. Y ahí sí, el resultado y la tendencia cotizan al alza, sobre todo en la libertad bien entendida.

Ahora lo que se necesita es que se canalice esa posibilidad de iniciativas de propuesta católica en libertad. Y que se lideren. Pero ésta es otra historia.

Comentarios
Somos ECD
Periodismo libre, valiente, independiente, indispensable