Opinión

Los silencios sobre el viaje del Papa

Papa Francisco.
photo_camera Papa Francisco.

El Papa Francisco ha vuelto ha Roma en medio de un huracán mediático, el informe del arzobispo Carlo María Viganò.

Bueno, ha venido y ha ido, porque esta visita Irlanda pasará al olvido mediático en su contenido esencial por la impresión de que el asunto de la pederastia, de los abusos sexuales y de conciencia, fue el único tema. Por desgracia, el Papa Francisco no tiene mucha suerte en sus últimos viajes. Primero Chile, ahora Irlanda.

Por tanto, no está de más, antes de que se acumulen las informaciones sobre las consecuencias de lo que está pasando en la intrahistoria de la Iglesia, y del Vaticano, hacer referencia a algunos contenidos, a algunas palabras, a algunos de los discursos del Papa en Irlanda.

El Papa nos ha recordado que, en un mundo que está perdiendo la capacidad de amar, en un mundo del olvido del lenguaje de la caricia, de la fuerza de la ternura, el amor es lo que Dios sueña para nosotros y para toda la familia humana. Las familias pueden ayudar a Dios a realizar un sueño, crecer en la unidad y aprender qué significa para el mundo entero vivir en paz como una gran familia.

Fueron muchos los momentos en los que las palabras del Papa sonaban como aldabonazos en la conciencia de las familias. Por ejemplo, en el festival, esa afirmación central de que “Dios quiere que cada familia sea un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo”. ¿Qué significa esto? Que la vocación al amor y a la santidad está en el corazón de las familias que ofrecen amor, perdón, misericordia.

El encuentro Mundial de las Familias ha ofrecido esperanza y ha estimulado el hecho de que las familias son cada vez más conscientes de su papel irremplazable en la transmisión de la fe.

No hay familia perfecta, lo ha dicho el Papa. Lo que hay son personas que buscan la perfección que ofrece el encuentro con Jesús, y asimilan en su vida las actitudes del Salvador. La fe se transmite alrededor de la mesa, en el hogar, en la conversación ordinaria. La fe se transmite en dialecto, en el dialecto del hogar.

Un tema de la visita ha sido, por supuesto, la necesidad de que la Iglesia reconozca y remedie con honestidad evangélica y valentía los errores de pasado respecto a la protección de os niños y los adultos vulnerables. Pero el interés de los medios puede hacernos alejarnos de la realidad de lo que el Papa ha querido decir a la Iglesia sobre la familia.

            Conmovedoras fueron las palabras del Papa sobre la necesidad de bautizar a los niños cuanto antes para que entre en ellos pronto el Espíritu Santo; o cómo se enseña a los niños a hacer al señal de la cruz; o las referencias a las suegras y a la nueras, en el festival de las familias; o esa llamada de atención a los peligros de la “guerra fría en la familia”; o el reproche a los sacerdotes que en el confesionario escarban en las conciencias y preguntan demasiado; o la afirmación de que los niños que lloran nos taren la música más hermosa de la esperanza; o esa afirmación de que “un matrimonio que no riñe es un poco aburrido”…

            Perlas de sabiduría y experiencia que, sin duda, ayudarán a no pocos a pensar en lo esencial cristiano para el futuro de la humanidad, el Evangelio de la vida y de la familia.

                                                           José Francisco Serrano Oceja

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