Opinión

El legado del Padre Morales

El próximo día 9 de diciembre la Familia de Santa María, que son muchas, celebrará en Madrid los actos de acción de gracias por la declaración del reconocimiento de las Virtudes heroicas del P. Tomás Morales, ya Venerable pues, primer e importante peldaño en su declaración de santidad. 

La figura del P. Morales emerge, sin lugar a dudas, en la historia de la Iglesia en España con carácter propio. Varios son los aspectos de este perfil, ciertamente atractivo.

Quizá, para los laicos cristianos, y para las familias, destacaría la pedagogía de las virtudes humanas y sobrenaturales. Es casi como una adaptación espiritual del nuevo relato o narrativa de las virtudes que propugnan filósofos como Alasdair MacIntyre y su escuela, entre otros. Es lo que el Padre Morales ha sabido legarnos.

No debemos olvidar, tampoco, su espiritualidad ignaciana y teresiana, una mixtura garantía de comprensión adecuada de las relaciones entre naturaleza y gracia.

Pero hay dos aspectos que destacaría ahora en este nuevo “kairós” del legado del jesuita P. Morales: su contribución a la espiritualidad laical y su trabajo por una adecuada recepción del Concilio Vaticano II en España. Aspecto éste menos desarrollado y estudiado, que debiera profundizarse en trabajos varios públicos, y que aclararía en no poca media, con nombres y apellidos, la aplicación del Vaticano II en España.

Una muestra de la aportación del P. Morales a la vida de los laicos es la clarificadora introducción que el Cardenal Robert Sarah ha escrito para la edición francesa de la obra del P. Morales “Forja de hombres”.

Dice el Cardenal Sarah que “el P. Morales es uno de los grandes promotores de la vocación laical en el siglo XX. Pero es consciente que los laicos no pueden emprender la tarea propia de su vocación sin estar debidamente preparados. La acción no puede emprenderse sin formación. Es necesario formar a los laicos, especialmente a los jóvenes laicos, para su misión apostólica en la sociedad actual”.

Y añade, “esta es la mística apostólica de la que él habla, característica –como él decía- de “nuevos primeros cristianos dentro del mundo””.

Felicidades pues a la gran familia de Santa María, que son muchos. 


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