Opinión

Los jesuitas sobre Franco

Don Vicente Cárcel Ortí, además de un gran sacerdote, es un historiador de primera. No hace falta más que darle un repaso su bibliografía para constatar que hay temas sobre los que sabe todo lo que se puede saber.

Está publicando ahora la documentación del Archivo Secreto Vaticano referida al período de la II República y la Guerra Civil. El último volumen, el V, es una joya, que seguro hará las delicias de sus lectores. Pero sobre todo aclarará algunas cuestiones demasiado recurrente entre cierta bibliografía.

No hay más que leer, antes de la documentación original, la magnífica introducción de don Vicente para darnos cuenta, por ejemplo, del acierto de la Carta Colectiva del Episcopado del primero de julio de 1937. O sobre la curiosa y permanente polémica entre Gomá y Vidal y Barraquer. Ya se ve que los arzobispos son hombres, antes y ahora.

Pero en este volumen hay una historia curiosa que no quiero que pase inadvertida. El 19 de abril de 1937, el Nuncio Apostólico en Italia, monseñor Francesco Borgongini  Duca escribía la cardenal secretario de Estado del Vaticano, Eugenio Pacelli, una carta con información reservada procedente del obispo del Principado de Mónaco, monseñor Perre-Maurice-Maria Rivière, en la que sintetizaba la información que le había suministrado un alto funcionario de la masonería francesa de forma secreta y confidencial.

Esta información consistía, entre otras, en una serie de nombres de personalidades que pertenecían a la masonería de obediencia escocesa, Stanley Baldwin, Franklin Delano Roosevelt y el mismo general Franco. Según esta misiva, esta clave explicaría algunos movimientos referidos al desenlace de la denominada cuestión española.

En el mes de julio de 1937, los días 5 y 19, el Padre General de los jesuitas W. Ledóchowski, escribió sendas cartas a monseñor Pacelli en las que se refería, la primera, a la conversación que el P. Pérez del Pulgar había tenido con Franco, -en la que aparece también una descripción de la personalidad de Franco-, y la segunda en la que se acompaña la correspondencia entre el P. Cayuela al P. Mundó sobre la religiosidad de Franco, sobre su vida de fe y de piedad sinceras. El P. Cayuela era el rector del Colegio de los jesuitas cuando Franco fue Director de la Academia Militar de Zaragoza y cuenta algunos momentos interesantes de la vida de Franco.  

Esta última correspondencia aclara las dudas sobre la religiosidad del general español y la imposibilidad de que perteneciese a ninguna sociedad incompatible con la confesión católica.

Interesante servicio el que prestaron estos venerables jesuitas para aclarar una cuestión que, parecía, preocupaba en Roma.





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