Opinión

Otro interlocutor de Ratzinger

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Hoy le voy a copiar la columna a mi admirado Jorge Juan Fernández Sangrador, que me ha hecho ver la poca repercusión de la noticia de que Charles Margrave Taylor recibiera, en el Vaticano, el Premio Ratzinger 2019 de manos del Papa Francisco. 

En el mundo académico es frecuente que nos encontremos con citas de Taylor, quizá una especie de par de J. Habermas para algunas cuestiones. El filósofo canadiense acaba de cumplir 88 años, nació, en 1931, en Montreal. Estudió en las universidades McGill y Oxford, y su labor intelectual se ha desarrollado en los ámbitos de la Historia, la Filosofía, la Política y las Ciencias Sociales.

Lo que está claro es que Taylor es uno de los pensadores que más páginas ha dedicado a la secularización y a la pervivencia del sentido religioso en la sociedad de nuestros días. Fue implacable en su crítica al discurso del “neo ateísmo” que representan Christopher Hitchens, fallecido en 2011, y Richard Dawkins.

Los anteriormente citados anti-teos no cesan de repetir que la religión y la violencia avanzan indisolublemente unidas a través de la historia. “Es cierto, sostiene Taylor, que existe violencia en el mundo a causa de la religión, pero ninguno de los dos menciona jamás el hecho de que, en el siglo XX, millones de personas fueron asesinadas por sistemas y regímenes que se proclamaban ateos. Si hubiesen vivido en el siglo XVIII y se apellidasen, no Hitchens y Dawkins, sino Voltaire y Locke, acaso podría entenderse el continuo martilleo en lo de que la religión y la violencia van juntas, pero en el siglo XXI ya no cabe expresarse de esa manera sesgada y, a la vez, tendenciosamente generalizadora”, señala Sangrador en un reciente artículo. 

¿Acaso el ateísmo, en la actualidad, no reacciona con las mismas formas exacerbadas del fundamentalismo religioso? Quizá porque ha comenzado a sentirse inseguro en aquello que parecía, a estas alturas, incuestionable: el que la religión era algo del pasado y que había hecho mucho daño. La religión ha regresando con fuerza a la escena pública. 

En una de las últimas visitas de Taylor a España planteaba la necesidad de abordar la asignatura pendiente, al modo moderno, de las fuentes de la modernidad y de sus efectos en la época actual. No en vano se ha dicho de este autor que es un filósofo que tiende puentes entre fe y razón, entre moral y acción política. Si es un fino crítico de la secularización, lo es porque se sigue preguntando en qué medida es sostenible el proyecto ilustrado de colocar la verdad y la moralidad solo en el individuo. Hace tiempo que predijo que el “yo blindado” de la modernidad acabaría llevando a una pérdida de solidaridad y de cohesión social, y haría que se extendieran el escepticismo y el relativismo moral.

Charles Taylor ha estudiado el fenómeno de la secularización centrándolo especialmente en su condición de fenómeno producido por el subjetivismo, el cual constituye un rasgo identificativo de nuestro tiempo. Bien y mal, ética y verdad, no encuentran ya su fundamento en datos objetivos. Son, por el contrario, expresión del ser de cada persona, en su individualidad, o de las irradiaciones circunstanciales de la sociedad en general.

Por eso Taylor es un interlocutor privilegiado de Joseph Ratzinger. 

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