Opinión

Historias de la COPE

Logo de la COPE.
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No pensaba yo escribir más sobre los recientes cambios en la cúpula directiva del grupo de comunicación de los obispos españoles (vea la noticia de ECD). Pero mi admirada Marta Santín me ha empujado a las letras –debe ser que este tema trae muchas visitas- y me lo ha puesto en bandeja.

En medio del proceso informativo de los cambios, me hice, siguiendo el consejo de Lucien Febvre en su conferencia “Combates por la historia”, la pregunta por el problema y los problemas. “Sin problemas no hay historia” aseveró el padre de la Escuela de Annales.

Para mí el problema se resumiría en si don Bernardo Herráez, artífice del actual modelo de los medios generalistas de la Iglesia en la historia reciente, estaría de acuerdo o no con estos cambios. Es decir, en quien se me ocurrió pensar fue en don Bernardo.

Elucubrar desde el presente sobre lo que hizo, lo que dijo, lo que consiguió don Bernardo, significaba, al fin y al cabo, remitirnos a la historia, identidad y misión del Grupo Ábside.

Y como, por razones que no vienen al caso, esta temporada estoy metido en la historia, recuperé lo que un día escribí para pronunciar en una Asamblea Plenaria dedicada a los medios de comunicación, con Don Bernardo delante. Fue hace ya unos cuantos años, insisto. Texto que después, en parte, fue publicado en una historia de la Iglesia dirigida por el maestro José Antonio Escudero.

Recordaba entonces que la Comisión de Medios de Comunicación Social, de la Conferencia Episcopal Española, hasta el momento en el que la competencia sobre esta emisora pasó al Comité Ejecutivo, intervino eficazmente en la historia inicial de configuración de la COPE, en el logro de la concesión estatal, en la redacción de las cláusulas de los Estatutos, referentes a la identidad eclesial y a la función evangelizadora de la COPE, y estableció y puso en marcha un Consejo doctrinal.

Pero fue sobre todo en 1991, cuando elaboró el texto del ”Ideario” de la Cadena, debatido luego y aprobado por la Plenaria de los obispos, que fue bien asumido después por los órganos rectores y por el personal de la empresa, cuando se asienta la línea de continuidad de la historia. Introdujo también por esas fechas, en la parrilla de programación, la puesta en antena del primer conjunto orgánico de programas religiosos.

Durante los años 90 se produjo una crisis con las “estrellas de la radio”, un fenómeno común al panorama radiofónico español. La nueva situación decidió, por parte de la Conferencia Episcopal, encomendar a su Comité Ejecutivo la alta gestión de la Cadena, y así se mantiene hasta hoy.

Monseñor Antonio Montero, que no ha podido ver estos cambios, con su habitual perspicacia, realizó el siguiente discernimiento y balance sobre la COPE y su papel en la historia reciente de España:

“Entrando ya en el reino de las reflexiones, obligadamente breves, sobre el tema COPE, hay que dejar sentado que esta Cadena constituye el mayor activo pastoral en nuestro patrimonio de las Comunicaciones Sociales. Nadie puede ignorar tampoco que eso tiene un precio. Y no sólo el inherente a los contenidos deficientes, sino el que conlleva hoy la asunción más o menos directa por la Iglesia de una macroempresa, comercial y competitiva, en la lucha feroz y a cualquier precio por las audiencias, que son la gran ubre de la publicidad y ésta a su vez de la supervivencia. Un circuito tan inexorable como perverso, del que es sumamente difícil evadirse en el presente estado de cosas” .

El baluarte de la comunicación de la Iglesia es la Cadena COPE, hoy Ábside Media. Su presencia y su capacidad de penetración son indiscutibles. Es, además, un espacio de libertad de expresión muy superior a otros muchos del panorama de los medios en España. El servicio que presta con su programación socio-religiosa, con su oferta de línea editorial, y con la contribución a la programación local y regional a las diócesis es impagable.

La COPE ha conseguidos ser el astro rey de un sistema mediático y servir de polo de atracción de las iniciativas en el audiovisual de la Iglesia.

En la entraña de las comunicaciones sociales en la vida de la Iglesia esta la dimensión misionera, como nos recuerda constantemente el Papa Francisco. Y desde esta perspectiva, la Iglesia, a través de la Conferencia Episcopal, como propietaria de un grupo de comunicación, es un paraguas de libertad frente al pensamiento dominante y frente a las alianzas de los juegos de poder.

Con lo dicho, no tengo duda de que don Bernardo asentiría.

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