Opinión

Una historia no conocida de Monserrat

Manel Gasch i Hurios.
photo_camera Manel Gasch i Hurios.

Ahora que acaba de ser elegido el nuevo Abad de Monserrat, Manel Gasch i Hurios, que, según dicen, parece persona no muy lejana al nacionalismo, convendría no olvidar algunas historias de la no tan sabida relación de Monserrat con el nacionalismo catalán.

Me refiero al caso Bultó. Y lo voy a hacer según el relato autobiográfico de Jorge Trías Sagnier y la documentación que he podido corroborar sobre el caso que les cuento.

El independentismo catalán quería mostrar su carta de presentación en el campo del terrorismo. Un grupo que se llamaba EPOCA, o sea Exercit Popular de Catalunya, influido por un viejo independentista exiliado, Batista i Roca, y mal adiestrado en el uso de los explosivos por ETA, eligió a uno de los empresarios más emblemáticos de Cataluña, José María Bultó Marqués, para aterrorizar a una sociedad, la barcelonesa.

El atentado contra Bultó, al que pegaron en el pecho un paquete bomba, fue condenado por Convergencia Democrática de Catalunya y por la Unió Democrática, pero no por los grupos independentistas más radicalizados. La reacción de los partidos políticos de Cataluña fue, en cualquier caso, bastante tibia, excepción hecha de la UCD y de Alianza Popular.

Un hombre creyente y practicante como el hijo de la víctima sufrió, pues, una doble humillación. Manuel Bultó hijo se había quedado profundamente impactado de algunas respuestas sociales. Sobre todo de la de la Iglesia. Aconsejado por un gran amigo y, como él, profesor del IESE, ante el inminente viaje del Papa Juan Pablo II a España y la anunciada posible visita al monasterio benedictino de Montserrat, escribió una exhaustiva carta al Papa exponiéndole lo que había ocurrido.

Comenzaba narrándole al Papa que el 9 de mayo de 1977 su padre, de 77 años, había sido premeditadamente asaltado y asesinado por miembros de un grupo separatista catalán. En julio de 1977, después de haber sido detenidos los miembros del comando, fueron puestos en libertad, antes de haber sido juzgados, en aplicación de la Ley de Amnistía de 15 de octubre de 1977.

El 25 de enero de 1978, le contaba Manuel Bultó al Santo Padre, alguno de los terroristas recientemente amnistiados, asesinaron por el mismo método que a su padre al matrimonio Viola, el marido ex alcalde de Barcelona. Un año después, en marzo de 1979 fueron detenidos y procesados dos miembros del grupo terrorista, Jaume Martínez Vendrell y  Montserrat Sàngra. Martínez Vendrell fue acusado de ser el organizador, instructor y jefe del comando terrorista, lo que él nunca negó.  Pero todos los grupos políticos de la izquierda, incluido el PSC se posicionaron a favor de la libertad “por falta de pruebas” de los susodichos criminales que eran denominados “patriotes catalans”. Martínez Vendrell fue condenado a la pena de ocho años por el Tribunal Supremo, pero había huido de España.

Bultó continuaba contándole al Papa que la defensa había aportado, entre otros documentos, un escrito solicitando la libertad de Martínez Vendrell. Estaba firmado por el Abad del Monasterio de Montserrat, Dom Cassià M. Just. Manuel Bultó adjuntaba copia de la carta que escribió al Abad y la contestación que recibió de este. Sin embargo, el Abad continuó defendiendo y dando la cara por los terroristas. En septiembre de 1980 fueron detenidos y procesados otros cinco miembros del grupo terrorista; de ellos, Barberá Chamorro, que fue uno de los que le ciñó la mortífera bomba en el pecho a Bultó, el Abad Cassià Just lo calificaba de “persona de buenas costumbres”. Chamorro fue condenado a la pena de treinta años de prisión.

La policía, seguía explicando Manuel Bulto al Santo Padre, sostuvo que en varias ocasiones su labor de investigación se había visto obstaculizada por la protección, e incluso asilo, que el Monasterio de Montserrat ofreció a los terroristas. Y el hijo dolorido, concluía: “Sobre el lógico dolor de haber perdido a mi padre en semejantes circunstancias, las intenciones del Rvdo. Abad de Montserrat me han supuesto un sufrimiento adicional, a causa de mi sentido católico, mi cariño por el Monasterio de Montserrat, y mi devoción por la Virgen”. Y decía todo esto desde lo mas profundo de su corazón y sin la más mínima sombra de odio o, ni siquiera, del más leve atisbo de resentimiento.

Si el Papa reprendió o no al Abad en su fugaz visita al Monasterio unos meses después de recibida la carta, es algo que se desconoce.

De lo que sí hay constancia es de la respuesta que recibió Manuel Bultó del Vaticano el 22 de junio de 1982 a través del sustituto de la Secretaría de Estado, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo: “Deseo agradecerle la confianza mostrada hacia Su Santidad y le aseguro que él corresponde con un recuerdo en sus plegarias, a la vez que bendice a Usted y su esposa. Puede estar seguro, por lo demás, de que cuanto ha tenido a bien exponer, ha sido examinado con todo el cuidado y discreción”.

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