Opinión

Al fin los mártires cántabros

 
Diócesis de Santander.
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Sin excesiva publicidad, el obispo de Santander, monseñor Manuel Sánchez Monge, acaba de realizar uno de los actos eclesiales más esperados de la diócesis de Santander en los últimos años, la clausura del proceso de la causa de beatificación de 79 siervos de Dios mártires de la persecución religiosa del siglo XX.

Un acto de justicia, no solo con la historia, también con esta Iglesia, fecunda de testimonios de martirio, a la que por incomprensibles razones hasta ahora se le había hurtado esa herencia. Una herencia que ha tenido que ser sustraída del debate ideológico y de la oposición de actores internos destacados.

De los 79 siervos de Dios, 67 eran sacerdotes diocesanos, tres religiosos carmelitas, tres seminaristas diocesanos y seis seglares, uno de ellos miembro de la Asociación Católica de Propagandistas. Todos ellos fallecidos entre el 2 de agosto de 1936 y el 22 de agosto de 1937, con lo que se puede decir que murieron en los inicios de la Guerra Civil española como consecuencia del odio a la fe.

El trabajo minucioso del postulador del causa, el dominico Crescencio Palomo, ha dado su fruto. La causa lleva el nombre del siervo de Dios, Francisco González de Córdova, párroco ejemplar de Santoña. Un párroco al que unos marineros, una vez que los milicianos decidieran ir a por él, le ofrecieron la oportunidad de salir en barco pesquero hacia Francia la misma noche de su detención, a lo que se negó porque no quería abandonar su parroquia ni a su gente. El calvario de sus últimos días no impidió su labor sacerdotal tanto en el penal del Dueso como en el barco prisión “Alfonso Pérez”, ese gólgota histórico de la Iglesia en Santander.

La historia de esta causa comenzó en 2002 cuando el entonces obispo, monseñor José Vilaplana, planteó, por primera vez, en diversos consejos la oportunidad de abrir esta causa, que, por cierto, es la primera, pero esperemos no sea la única. Fue ese obispo el que hizo la primera consulta a la Congregación para las Causas de los Santos. ión, a lo que se negó porque no quería abandonar su parroquia ni a su gente. El calvario de sus últimos días no impidió su labor sacerdotal tanto en el penal del Dueso como en el barco prisión “Alfonso Pérez”, ese gólgota histórico de la Iglesia en Santander.

En el pontificado entre monseñor Vilaplana y el actual obispo no se produjo ninguna noticia relevante, ni se avanzó significativamente en ese proceso. Fue, por tanto, monseñor Sánchez Monge quien abrió oficialmente esta causa y la ha cerrado en su fase diocesana. a las Causas de los Santos. ión, a lo que se negó porque no quería abandonar su parroquia ni a su gente. El calvario de sus últimos días no impidió su labor sacerdotal tanto en el penal del Dueso como en el barco prisión “Alfonso Pérez”, ese gólgota histórico de la Iglesia en Santander.

A la espera de las noticias de Roma, y de que se desarrolle un proceso divulgativo y catequético sobre este proceso, la diócesis de Santander, que fue bendecida abundantemente con la palma del martirio, ha dejado de tener una asignatura pendiente.

Un dato que hay que agradecer, sin duda, al actual obispo por su empeño en que concluya diocesanamente este proceso.

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