Opinión

¿Es usted un o una “cristianista”?

Massimo Borghesi.
photo_camera Massimo Borghesi.

Leyendo el discutido y discutible último libro de M. Borghesi, me encontré con la distinción entre el cristiano y el “cristianista”. Una distinción que él utiliza para distinguir a los cristianos que viven del ethos de la evangelización, de la Iglesia en salida, y los que identifican la ética cristiana con la modernidad occidental.  Es decir, los que no ideologizan la fe y los que sí. Una especie de viejos y nuevos creyentes.

Originariamente esta distinción, y esta nomenclatura, se debe a Remi Brague. Por cierto que no sé si ahora Brague está de acuerdo del todo con la utilización que Borghesi hace de su taxonomía.

Para ser precisos recurramos al momento en el que Brague establece y asienta esta distinción. Fue en una entrevista del año 2004, noviembre, en la recordada revista “30 Giorni”.  Allí, preguntado por Gianni Valente, Brague dice -y perdonen la larga cita necesaria-:

Profesor, empecemos por aquí. Usted define a los cristianos como aquellos que creen en Cristo. Los “cristianistas”, en cambio, son aquellos que exaltan y defienden el cristianismo, la civilización cristiana…

RÉMI BRAGUE: La palabra “cristianista” quizá no es muy bonita, pero no me disgusta haberla propuesto. Sobre todo porque es divertida. Y también porque hace que las personas reflexionen sobre lo que de verdad quieren. Los que defienden el valor del cristianismo y su papel positivo en la historia me caen desde luego mejor que los que lo niegan. No pretendo por supuesto desanimarles. Me gustaría incluso que fueran más numerosos en Francia. Y esto no porque sean “aliados objetivos”, sino solamente porque lo que dicen es verdad. Por tanto, gracias a los “cristianistas”. Solamente deseo recordarles que el cristianismo no se interesa por sí mismo. Se interesa por Cristo. Y tampoco Cristo se interesa por sí mismo; él se interesa por Dios, a quien llama de una modo único «Padre». Y se interesa por el hombre al que le propone un modo nuevo de llegar a Dios.

 En ciertas valoraciones del cristianismo de tipo ideológico-cultural parece aflorar el planteamiento que se manifestó cuando la Action française.

BRAGUE: La Action française, después de la Primera Guerra Mundial, pudo atraer a cristianos auténticos e inteligentes, como Bernanos, por ejemplo. Pero la inspiración última del movimiento era puramente nacionalista. Francia había sido plasmada por la Iglesia. Por eso se declaraban católicos, porque querían ser franceses al cien por cien. Su principal pensador, Charles Maurras, era un discípulo de Auguste Comte; admiraba la claridad griega y el orden romano. Se declaraba ateo, pero católico. Para él la Iglesia era una garantía contra el «veneno judío del Evangelio». En el fondo, era una idolatría, en su aspecto peor: poner a Dios al servicio del culto de uno mismo; se trate del individuo o de la nación, la substancia no cambia. Y a los ídolos siempre hay que sacrificarles algo que tenga vida, como la juventud europea aniquilada en Verdún o en otras batallas.

¿Cuál es la imagen de Iglesia que les gusta a los que le reprochan a la Iglesia debilidad a la hora de defender ciertos contenidos de verdad?

BRAGUE: Para esta gente, la Iglesia debe “defender ciertos valores”, y no transigir sobre las reglas morales. Pero, ¿siguen ellos esas reglas? No siempre… Lo que quieren es una organización con una línea firme y un “número uno” bien definido. Me pregunto si no es que sueñan con una Iglesia hecha con el molde del Partido comunista de la Unión Soviética”.

Está claro que ahora las formas de los “cristianistas” han evolucionado, son otras. El ser “cristianista” es una tentación presente, de una manera u otra, en todo momento de la historia de la Iglesia. Quizá más en tiempos confusos y decadentes.

Lo que está claro es que la tentación “cristianista” emerge con fuerza, incluso como deformación, cuando se da una pérdida de sustrato en lo cristiano y en el cristiano. El “cristianista” es un reformador cultural, al fin y al cabo. El cristiano un reformador personal. 

Seguro que usted conoce a más de un “cristianista”.  Piénselo.

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