Opinión

¿Se entiende España sin la fe católica?

Rafael Sánchez Saus.
photo_camera Rafael Sánchez Saus.
A estas alturas del partido de la actualidad, hacerse esta pregunta parece absurdo. Estamos volcados en la política y resulta que viene la historia. Los que pensamos que no puede haber buena política sin historia, y que la política no lo resuelve todo, ni mucho menos en la Iglesia, en no pocas ocasiones solo nos queda recurrir a la historia.

Asistí el pasado jueves a la conferencia del catedrático Rafael Sánchez Saus en el Foro Juan Pablo II de la parroquia de la Concepción de la calle Goya. Su conferencia fue el título de esta columna. El profesor Sánchez Saus además es el director de un redivivo Congreso Católicos y Vida Pública, al que le están saliendo réplicas por todos los lados geográficos del sistema.

Sin mirar al papel, el conferenciante hizo un repaso por los momentos en los que España estuvo a un paso de dejar de ser católica. Pidió a los numerosos asistentes que utilizaran también la imaginación, que es el arma principal del historiador, que no la fantasía.

A la pregunta inicial se podría responder desde tres ámbitos: desde la historia, desde la cultura española, que expresa el cristianismo como ninguna otra cultura de Europa, ni la Italia se le parece, entre otras razones por lo que de marchamo clásico tiene, y desde la intrahistoria, la vida cotidiana, la historia de las mentalidades.

Presentó varios momentos de la historia de España en los que la respuesta que parece tan clara, España no se entiende sin la fe católica, pudo peligrar. No ocurrió así por pura Provincia, gracia de Dios en circunstancias complejas. No olvidemos que otros pueblos que eran tan católicos como España lo han dejado de ser, al sur y al norte.

Los momentos fueron: la crisis arriana, que se solventó gracias a un episcopado y a un clero de mucho nivel y que produjo la primera gran eclosión de la cultura católica, el primer siglo de oro de la cultura católica; el desafío del 711 que abocó a la extinción de la cristiandad originaria hispana –ahí el ponente demostró ser el mayor especialista en esta materia actualmente-; se refirió a lo que supuso en el 813 es el descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago; el tercer gran desafío fue la reforma protestante, que rompe la gran unidad europea; el cuarto desafío que planteó fue no la Ilustración sino las consecuencias de la Revolución Francesa asimilada por las élites españolas; añadió el desafío del comunismo en los inicios del siglo XX y cerró el ciclo con el desafío de nuestro tiempo, las ideologías y las formas de vida.

Indudablemente en varios momentos de la conferencia apareció mi admirado don Marcelino Menéndez y Pelayo, su brindis del retiro, su epílogo a la historia de los heterodoxos.

Un cuestión que planteó el profesor Sánchez Saus y una reflexión. La pregunta es muy sencilla. Si hiciéramos a nuestros hijos, a las nuevas generaciones, la pregunta del título de la conferencia, ¿qué responderían?

Nuestros políticos se han empeñado en que no se podrá entender España sin los nacionalismos, sin la perspectiva de género, sin el aborto, sin la eutanasia, sin lo que quieran, excepto sin la fe católica.  

Y una reflexión. En varios momentos superadores de esa crisis emergió un episcopado mejor que el de la época anterior. Incluso algunos de los tiempos críticos se pudieron superar por reformas previas en el episcopado, el clero y las órdenes religiosas, por ejemplo, la que hicieron los Reyes Católicos.

Lo dejo ahí.

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