Opinión

El dolor de san Pablo VI

San Pablo VI.
photo_camera San Pablo VI.

Con motivo de la canonización de Pablo VI he recuperado un pequeño e interesante libro de Mariano Fazio, titulado “Beato Pablo VI. Gobernar desde el dolor”.

La tesis de don Mariano, fino analista, historiador de los Papas contemporáneos y de las ideas también contemporáneas, es que Pablo VI gobernó la Iglesia desde el dolor.

El mismo Papa, pocos meses después de ser elegido, escribía: “Me tengo que dar cuenta que esto es un Getsemaní, en el que debo permanecer todo lo que queda de mi vida terrena: el sufrimiento de Cristo es mío… Quizá el sufrimiento –y Tú solo o deberías conocer, oh Señor- valdrá más que la palabra, que la acción”.

A lo largo de las páginas de este interesante libro, síntesis de la vida y el pensamiento del Papa Montini, el autor va desgranando las causas de ese dolor. Y las explica con claridad.

Todo parecía anunciar que, a partir de aquellas fechas de eclosión conciliar, se viviría una nueva primavera de la fe. Los magníficos documentos del Vaticano II hablaban a la Iglesia y al mundo con fuerza y esperanza. Pero, “en realidad, dice nuestro autor, llegó un largo invierno, frío como la guerra no declarada entre las dos superpotencias de entonces, los Estados Unidos y la Unión Soviética”.

Añade más adelante sobre Pablo VI: “No esquivó las responsabilidades, y enfrentó la complejidad de los problemas que se le presentaban con serenidad de ánimo, basado en su profunda fe. Pero esa fe no le quitaba una expresión de preocupación y de dolor en su rostro. Si la santidad consiste en al identificación con Cristo, necesariamente hay que pasar por la cruz. Pablo VI se encontró con la cruz y la abrazó”.

Es interesante analizar cómo el Papa del diálogo y de la alegría se empeñó a fondo en una pedagogía del diálogo y la alegría dentro de la Iglesia y para con el mundo.

Y, un dato último de su vida: cómo el santo Montini afrontó dentro de la Iglesia que fuera nombrado pro-secretario de Estado con Tardini, que no fueran creados cardenales y, por último, el final abrupto de su alejamiento de la curia. Y el hecho de que Pío XII se fuera a la tumbar sin haberle nombrado cardenal, lo que era muy comentado entre los milaneses.

Dice don Mariano Fazio que “lamentablemente no faltan en la historia de la Iglesia, junto a las luces de la santidad de vida de tantos de sus hijos, las sombras de las intrigas, calumnias y envidias de los ambientes eclesiásticos, a veces demasiado cerrados”.  

Sin duda, una de las causas de ese dolor.

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