Opinión

La Edith Stein de José Ramón Recuero

Edith Stein.
photo_camera Edith Stein.

Solo un intelectual como el abogado del Estado, José Ramón Recuero, es capaz de hincarle el diente a la filosofía de Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, y argumentar que es la santa que necesita nuestro tiempo. Bueno, con permiso de san John Henry Newman.

Pues hete aquí que Recuero ha publicado un libro, “La Filosofía de Edith Stein” (Editorial Ygriega, Madrid, 2021), que se presentó hace unos días en el Real Casino de Madrid.

Y digo que este sin igual servidor del Estado es la persona adecuada para divulgar el pensamiento de los filósofos que han elaborado una filosofía cristiana –concepto éste del que tendríamos mucho que hablar-, después de su serie sobre quienes han influido con sus ideas en la humanidad y sobre la verdad, el bien y la belleza, los trascendentales del ser. Todo aun obra y todo un tratado de historia de la filosofía, con el pedagógico método el diálogo socrático.

No voy a glosar el contenido del nuevo libro, ni el acto de su presentación, ni lo que dijeron los presentadores. Solo voy a reflejar algunas de las ideas de Recuero, a modo de invitación para que se lea el libro.

Por ejemplo, lo que explicó casi al final:

“Parto de un hecho: la lucha entre una cosmovisión materialista y otra espiritual en la que ella tuvo que participar continúa hoy. No de forma tan cruenta, por supuesto, pero sí afectando esencialmente a nuestras personas, a nuestras familias, a nuestro país y a nuestras más íntimas y profundas convicciones. Después de pensarlo he llegado a la conclusión de que los ataques del laicismo comenzaron de hecho en la revolución francesa, y después, siendo esencialmente los mismos, han ido adoptando caras diversas hasta llegar a nuestros días: modernismo, comunismo ruso, nacionalsocialismo alemán, y en la actualidad laicismo que dice que Dios ha muerto y quiere destruir los valores del cristianismo.

Un laicismo que se ha convertido en una especie de religión civil ─así le llamó Rousseau en el último capítulo de “El contrato social”, y así lo acaba de confesar públicamente un ministro y secretario de laicidad de un importante partido político español─, una civil religión que es excluyente e intolerante porque asegura que es la única verdadera. Nietzsche lo dice a las claras cuando proclama que su nihilismo tiene valor de verdad.

Como tal pretende (y lo está consiguiendo) que las leyes se inspiren únicamente en ella, lo que nos conduce a un Estado que quiere hacernos a todos esclavos de su parcial visión de la vida basada en el egocentrismo que combatió Stein, pues hace al hombre centro del mundo y desaparecen de la escena pública Dios y la ley natural. De manera que hoy, ahora, en pleno siglo veintiuno, el combate entre Cristo y el Anticristo del que habló Kant sigue vivo, muy vivo, recordemos las palabras de Belloc, lo que está en juego es toda la filosofía católica, no una parte de ella.

Y si miramos a Europa cabe parafrasear el comienzo del “Manifiesto Comunista” diciendo que un espectro se cierne sobre ella: el espectro del olvido de sus raíces cristianas. Quizá por eso Unamuno sintió la agonía de Europa cuando habló de la agonía del cristianismo. Europa ha olvidado a Dios, que es la fuerza del bien, y sin embargo como dijo Josep Borrell la semana pasada en el Parlamento Europeo las fuerzas del mal siguen vivas”.

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