Opinión

Don Marcelino Oreja hace el Camino

El Rey, en Santiago de Compostela para presidir el I Congreso Mundial Xacobeo.
photo_camera El Rey, en Santiago de Compostela para presidir el I Congreso Mundial Xacobeo.

El pasado martes, el rey Felipe VI inauguró el I Congreso Mundial Xacobeo. Estamos en un Año santo extenso, 2021-2022. Ítem más. El arzobispo de Santiago, con el presidente de la Xunta, han invitado al Papa a venir a Santiago en el 2022.

Por lo tanto, es época de ponerse en camino en el Camino de Santiago.

Algo que hizo simbólicamente don Marcelino Oreja el pasado primero de junio en la sesión de la Academia de Ciencias Morales y Políticas con una sentida intervención titulada “Memorias de un peregrino del Camino de Santiago en el año 2021”. Ahí confiesa que “desde muy joven sentí  ascinación por el Camino de Santiago”.

Sigamos pues con algunas interesantes confidencias de don Marcelino. Primera, referida a unos de sus grandes logros en la Unión Europea. “Puedo asegurarles –aseveró- que una de las grandes satisfacciones que he sentido en mi vida pública, ha sido cuando se reconoció el Camino de Santiago como “Primer Itinerario Cultural Europeo” por la más antigua de las Instituciones Europeas, el Consejo de Europa, que se instituyó en 1949 y al que España accedió en 1977 en los albores de la Transición democrática”.

Y, segunda, la reflexión que, en la citada intervención, hizo sobre Europa.

Si Europa representa alguna cosa, dijo don Marcelino Oreja, con el triple manantial griego, romano y cristiano que le dieron origen, es la exigencia de la severidad y rigor en todo lo que se refiere al espíritu. En última instancia a la cultura.

La experiencia de quien fue Comisario Europeo, además de destacado ministro de Asuntos Exteriores España en la Transición, le lleva a firmar que “no puede hacerse lirismo cuando se habla de Europa. Son estos momentos tan decisivos en el fraguar de su futuro que cuanto menos divagatorios y más exigentes seamos, mejor. Europa es, entre otras cosas altísimas, una ilustre y tenaz memoria. A ella nos debemos y ella nos ata inexorablemente. Pues bien, esa memoria europea, viva, actuante, fecunda, se nos muestra a lo largo de todo el Camino hasta llegar a Santiago, cuyas piedras graníticas son algo así como el sedimento de la historia de Occidente y donde perviven las notas de autenticidad, originalidad, racionalidad, entrega y diversidad.

Y añadió: “La verdadera esencia del europeo reside en la fe en la que se apoyaron los pueblos capaces de redescubrir desde ella las armas, no violentas, de los valores, que reflejan la dignidad de la persona humana.

Una Europa regenerada debería unirse a estos valores: Una verdadera democracia y un Derecho al servicio de la Justicia, del bien común y de los anhelos de los ciudadanos, especialmente de las minorías y colectivos menos favorecidos”.

Es hora de planificar el día y la hora en que nos pongamos, en este nuevo Año Santo, en camino.

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