Opinión

Don Antonio Astillero, in Memoriam

Antonio Astillero.
photo_camera Antonio Astillero.

Siento que algún lector piense que esta columna es madrileña y solo madrileña, porque van a leer sobre la vida y la obra de un sacerdote de Madrid recientemente fallecido.

Les aseguro que la vida y la obra de este sacerdote trasciende, con mucho, los límites de la capital de España. Al fin y al cabo, los sacerdotes ejemplares, con su vida y su testimonio, sobrepasan los círculos de su existencia.

Me refiero a don Antonio Astillero, el artífice de la actual catedral de Santa María la Real de la Almudena. Un sacerdote al que nunca se le despegaba la sonrisa de los labios, un hombre que se sabía mover como pocos en las múltiples cortes de esta Villa y Corte, que es Madrid, en la que la Iglesia ha caminado a golpe de martirio y esperanza.

Entiendo que en una historia no sesgada de la diócesis de Madrid, una historia que aún está pendiente y que solo se puede escribir sin ficciones ni facciones, se hablará en un futuro de don Antonio Astillero, un mago de las relaciones públicas.

Decía Aristóteles que en el principio está el final. En el inicio de la vida sacerdotal de don Antonio Astillero está el pueblo limítrofe de Aldea del Fresno. Allí fue destinado y allí despertó la vocación de un niño dedicado a las labores del campo, Braulio Rodríguez Plaza.

Tendría que recordar ahora que don Antonio fue ordenado en aquella macro-celebración del 3 de mayo de 1952 en Barcelona, con motivo de un Congreso Eucarístico Internacional famoso, algunos dicen que símbolo del Nacional-catolicismo, del catolicismo nacional, mejor.

A partir de su estancia en Aldea del Fresno, su otro lugar de referencia fue la parroquia de Nuestra Señora de las Delicias, en el madrileño barrio de Delicias. Parroquia y colegio, simbiosis cuasi-perfecta.

Doy fe que los feligreses mayores de esa parroquia aún recuerdan con aprecio la entrega sacerdotal de don Antonio.

A partir de ese momento, les copio lo consignado como hitos en la biografía oficial de don Antonio: Delegado del Sr. Cardenal para las Obras de la Catedral Santa María La Real de la Almudena (1985-2012); Vicario Episcopal de la actual Vicaría VII (1985-1995); Vicario Episcopal para Fundaciones Civiles (1995-1996); Vicario Episcopal de Relaciones y Actos Públicos (1995-2012); Miembro nato del Consejo Presbiteral (1995-2012); Delegado del Sr. Cardenal para Relaciones Públicas (1995-2015); Párroco de Santa María La Real de la Almudena (1995-2016); Deán Presidente de la Catedral de Madrid (1996-2012); Miembro del Tercer Sínodo Diocesano (2005); Delegado de la Archidiócesis de Madrid en el Congreso Eucarístico de Toledo (2010-2011). Era Canónigo de la Catedral de Madrid desde 1995; Protonotario Apostólico supernumerario (1994) y Capellán de Honor del Real Cuerpo de Caballeros Hijosdalgo de la Nobleza de Madrid (1998).

Pero vayamos a la catedral de la archidiócesis capitalina. Don Antonio, que formó parte del milagro de La Almudena, se nos ha ido en un momento que, ojalá, no se atisbe otra Almudena diferente de esa policromía de humilde arquitectura aglomerada, cuyo centro es la devoción a la Santísima Virgen bajo una advocación que se ha ganado el alma del todo Madrid.

Si en algo se empeñó don Antonio no fue solo en que Madrid tuviera una catedral digna. Luchó sin denuedo para expulsar a los mercaderes del templo, que siempre los hay y que se esconden bajo distintas capas.

Una catedral, que estaba condenada al fracaso y al olvido, a la que san Juan Pablo II ungió con el óleo de la presencia en la historia. Una catedral que ha acompañado las luces y las sombras de una Iglesia que si por algo se caracteriza es por su capacidad de acogida y por su generosidad.

Una catedral en la que se implicó el mejor socialismo español, por cierto. No se hubiera podido terminar sin la apuesta de Felipe González, que tuvo como interlocutor a don Antonio Astillero, por facilitar las obras y los medios para financiarlas. Aquél era, definitivamente, otro socialismo. 

Nadie es extranjero, extraño, en Madrid, ni tampoco en la Catedral de La Almudena. 

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