Opinión

Lo que nos dice monseñor Chaput

La editorial Palabra ha prestado un gran servicio poniendo al alcance del lector español un libro clave para entender la situación actual del cristianismo en Estados Unidos, y en gran medida, en Occidente. 

Está escrito por el arzobispo de Filadelfia, monseñor Charles J. Chaput, que creo que no es cardenal, y lleva por título la sugerente definición de lo que parece el cristiano en el mundo poscristiano, “Extranjeros en tierra extraña”.

Por cierto, no estaría demás que alguien por aquí, captara la ida y escribiera un análisis en esta línea propositiva de cómo afrontar, desde la experiencia de fe, los profundos cambios sexuales, culturales, sociales, políticos, económicos, tecnológicos y demográficos.

El libro, documentado, riguroso, genial y creativo en los argumentos y ejemplos, es esperanzador. Parte del hecho, también sociológico, de que en un país de marca cristiana originaria, la cultura común cristiana trascendía las luchas partidistas y ofrecía un marco común de conductas y creencias. Hoy se ha roto la cadena de transmisión y aparecen generaciones que no necesitan el cristianismo. El gran fracaso actual es la incapacidad para transmitir la fe.

Con este libro se entiende, bastante bien, la historia de los Estados Unidos y su idiosincrasia. Incluso el papel de los católicos y de un episcopado que sufrió, en no pocos períodos de la historia, la incomprensión romana.

Pero la clave del libro son las propuestas del arzobispo de Filadelfia sobre los perfiles del testimonio cristiano del futuro y del papel de la Iglesia en las sociedades poscristianas. 

Impresiona, por ejemplo, las reflexiones sobre el “martirio institucional” al que se enfrentan no pocas instituciones de Iglesia, colegios, hospitales, programas, cuando la presión política choca con la identidad del centro. O  afirmaciones sobre la necesaria creación de espacios de libertad de los cristianos, y de la Iglesia, relacionados con el esfuerzo por defender la verdad sobre el ser humano, sobre la persona, ante la actual revolución sexual y social.

Ideas que, sin duda, vendrán bien para aplicarlas a este lado del Atlántico. Quizá haya llegado el momento de mirar hacia otras Iglesias y ver cómo se están preparando para el inmediato futuro. 


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