Opinión

El descargo de conciencia del cardenal Cañizares

El pasado domingo 26, en el diario “La Razón”, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, sorprendió a propios y a extraños con una larga entrevista, con portada incluida, sobre varios temas de actualidad de la vida de la Iglesia. Y también sobre varias cuestiones que habían sido tratadas en la Asamblea Plenaria de los obispos de la semana anterior.

Se da la circunstancia de que al no haber tenido rueda de prensa informativa de los trabajos de la Asamblea el día final de esta, alguien pensó –y los pensamientos en el interior de la ciudadela suelen ser los más incisivos- que el cardenal Cañizares se convertía en una línea paralela de información sobre lo que opina la Iglesia en determinadas materias. No en vano, el arzobispo de Valencia es Vicepresidente de ese organismo.

Incluso he llegado a oír estos días pasados, en el interior de los muros de lo especializado, que el cardenal Cañizares se estaba adelantando. Sin embargo, para otros, llegaba tarde.

No creo que estemos en juego de tiempos, ni de sumas varias, ceros, uno, dos. La pertinencia periodística de “La Razón”, como todo periódico, sabe de tiempos y de temas, que, en parte, lo son propios.  El cardenal Cañizares habla en nombre propio y siempre ha sido libre de decir lo que quiere cuando lo considera oportuno.

Don Antonio habló en “La Razón”, el periódico, por otra parte, en el que escribe semanalmente, a título personal. Está claro que lo dicho refleja su pensamiento, y el de otros muchos obispos en varios de los temas. Pero de ahí no se puede deducir que hable en nombre de nadie. Los obispos no viven en las nubes, ni son contadores de ellas. Viven en este valle de lágrimas, en el que los periodistas somos, en no pocas ocasiones, incómodas borrascas.

También es cierto que el cardenal Cañizares ha tenido un singular papel protagonista en varios momentos de la semana de trabajos episcopales. Algunas de sus intervenciones en la Plenaria fueron claves para orientar, para aglutinar corrientes, para marcar tendencia o, incluso, para crear comentarios entre pasillos.

Lo que está claro es que el cardenal Cañizares habla sin pelos en la lengua, es prudente cuando hay que serlo, y valiente en los casos que lo requieren. 

“Los obispos debimos ser más claros con el soberanismo”, rezaba el titular de la entrevista de Iñaki Zaragüeta. Debimos, en pasado. Y, a partir de ahí, respuestas claras y meditadas en lo que parece un descargo de conciencia. Respuestas que, en algunos casos, pedían más y más, y no menos. 

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