Opinión

Ante la desamortización eucarística

El obispo de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco Rouco, ha presentado hace unos días una carta pastoral de algo más de dos páginas. Es decir, ha escrito algo más que un artículo de esos que se publican de los periódicos locales.

Con motivo de su décimo aniversario de ordenación episcopal, y de la concesión a la Catedral de Lugo de la Indulgencia Plenaria cotidiana y perpetua, en razón de un histórico privilegio eucarístico, ha entregado a sus fieles un texto sobre la fe eucarística que no debe pasar inadvertido.

A lo largo de sus páginas, cargadas de devoción y de una equilibrada erudición de un obispo que antes fue profesor de la asignatura “Eucaristía”, monseñor Carrasco Rouco hace una invitación a renovar la fe en la eucaristía como signo de la fe personal y eclesial.

No en vano una, de entre las varias desamortizaciones que ha vivido el pueblo cristiano en los últimos tiempos, ha sido la de la eucarística, la de la piedad eucarística. La más grave de todas.

Constata monseñor Carrasco Rouco que “grandes corrientes de nuestra cultura moderna afirman insistentemente que no se ven signos de tal presencia de Dios entre nosotros, que no se percibe un poder divino que actúe y cambie las cosas de este mundo, que le hombre ha de vivir como si Dos no existiese, y que, de hecho, en el mundo y en la historia no se lo encuentra, sino que todo es obra de un poder humano cada vez más articulado y fuerte”.

El texto se construye con unos capítulos, no muy largos, en los que profundizan en la cristología, como si fuera una letanía de adoración: la presencia de Dios, la presencia real de Jesucristo el Señor, el mismo Jesús que nació de María, muerto en la cruz, el Salvador del mundo y el don supremo de la comunión.

No debemos olvidar, como se apunta en esta carta pastoral, que “toda reflexión y toda devoción eucarística ha de conservar siempre su mirada dirigida a la “misteriosa contemporaneidad” de Jesucristo, de lo acontecido en el Triduo Pascual, a la que es introducido el hombre en la celebración del sacramento”.

Una carta pastoral, al fin y al cabo, que se puede leer muy gustosamente ante el Señor sacramentado durante estos días santos que se avecinan.


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