Opinión

La declaración de las Universidades jesuitas

La puesta de largo de este texto y su presentación, además, se hizo en vísperas de que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobara el Decreto para el inicio de actividades de la Universidad Loyola de Andalucía.

En el escrito, no muy largo, bien articulado y con una clara vocación de contribuir a esta nada fácil segunda transición en España, se dice que "nuestra intención ahora no es repetir las grandes declaraciones de la Iglesia o de la Compañía de Jesús, sino algo más concreto: reaccionar ante la situación delicada por la que atravesamos en nuestro país y expresar públicamente nuestra palabra y nuestro compromiso, conscientes de que la sociedad espera y exige de nosotros una voz crítica y razona­ble, al servicio de la política digna y del bien común".

Esta declaración, que afirma una nueva forma de presencia de la Compañía de Jesús y de sus obras en España, ha producido algunas reacciones que son más patologías del catolicismo y de la sociedad, y del periodismo español, que efectos a tan noble causa.

Me fijaré en la interpretación que de la finalidad de este texto hace el periodista del diario catalán "La Vanguardia", Enric Juliana, en una columna titulada "Regreso en tiempos de cólera", en la que coloca, al rebufo del nombramiento del Papa Francisco, a los jesuitas en el pedestal de la historia, y aprovecha la oportunidad para, una vez más, lanzar un párrafo justiciero contra el cardenal Rouco Varela, una de sus más reiteradas y cansinas obsesiones.

Dice así: "No es un documento que vaya contra nadie, pero pone en evidencia la ausencia de una reflexión intensa sobre la actual situación por parte de la Conferencia Episcopal, que preside Antonio María Rouco Varela. Los jesuitas sugieren algunas soluciones e indican la posibilidad de una nueva dialéctica. Es el estilo de Francisco".

Sorprende que este periodista aproveche que el Pisuerga pase por Valladolid, es decir, todo lo que se mueve, para seguir en su campaña de política eclesial de baja intensidad. Sorprende que no recuerde, por ejemplo, las reiteradas declaraciones del Comité Ejecutivo, de la Comisión Permanente, del obispo portavoz de los Obispos, incluso del cardenal Rouco la pasada semana, por ejemplo, sobre las cuestiones objeto de la declaración de los jesuitas. Incluso sorprende que se le haya olvidado la existencia de la Declaración ante la crisis moral y económica, o Las orientaciones morales ante la actual situación de España, de hace ya algún tiempo.

Ingenuo sería pensar que estas intervenciones episcopales no son fruto del debate interno y de la presencia de este tema en el Plenario de os Obispo. Sorprende, también, que se olvide con frecuencia la naturaleza de este organismo y sus peculiaridades. Bien es cierto que la propia Conferencia Episcopal podría dar más visibilidad al fruto de su trabajo en estas materias. Pero lo que no alcanzo a sospechar es que las Universidades de la Compañía de Jesús hayan pretendido dar lecciones a nadie, aunque su escrito provenga de sus centros académicos más cualificados.

José Francisco Serrano Ocejajfsoc@ono.com

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