Opinión

Curas y religiosos en medios de comunicación

Reunión de prensa del Portavoz del Episcopado de Polonia con representantes de los medios de comunicación el 25 de abril de 2023.
photo_camera Reunión de prensa del Portavoz del Episcopado de Polonia con representantes de los medios de comunicación el 25 de abril de 2023.

Leo que la Conferencia Episcopal de Polonia ha elaborado un Decreto sobre la presencia de sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos, pertenecientes a asociaciones eclesiales reconocidas, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Decreto en vigor desde el pasado 20 de abril.

Actualiza una normativa de 2004 y tiene 18 puntos.

Dice el Decreto que pueden operar solo con la aprobación expresa de sus respectivos superiores y “están obligados a transmitir fielmente la enseñanza católica según la doctrina del magisterio de la Iglesia y a respetar las directrices y decisiones de la Conferencia Episcopal Polaca”.

También se requiere que “se caractericen por la fidelidad a la enseñanza del Evangelio, profesionalismo contrastado, aptitudes adecuadas, prudencia, responsabilidad, cuidado y amor a la verdad y una búsqueda sincera del bien común, para que la Iglesia pueda ejercer eficazmente su función”.

Están llamados “a proclamar las enseñanzas de Cristo y no las propias opiniones o puntos de vista, especialmente cuando puedan causar confusión, escándalo, divisiones o emociones negativas, condicionando la fe y la moral de los fieles”.

Deben observarse además las normas sobre protección de menores, derechos de imagen y de autor. No pueden colaborar con periódicos –medios- laicos sin el consentimiento de su propio ordinario. Ellos tienen la responsabilidad moral y legal de lo que comunican.

Incluso en el caso de las redes sociales gestionadas a nivel personal, “son percibidos como representantes de la Iglesia”. Por lo tanto, no pueden participar en campañas de opinión pública o proyectos mediáticos contrarios a la fe y la moral católicas. Además, se deben “presentar con el hábito clerical o religioso en uso en Polonia”.

En caso de infracciones, el ordinario “está obligado a dictar las instrucciones oportunas, introducir las restricciones necesarias y, en los casos apropiados, las sanciones, incluidas las penales, previstas por la ley”.

Las indicaciones también se aplican a los laicos “que ostenten cargos eclesiásticos o desempeñen funciones de representación en entidades canónicamente reconocidas o en asociaciones y fundaciones con connotaciones eclesiales”.

Hasta aquí la noticia que ha circulado sobre el Decreto.

Inmediatamente han aparecido los críticos.

El jesuita Dariuz Piorkowski cerró su perfil de Facebook con esta declaración: “Debido a las reglas bastante rígidas sobre la presencia de sacerdotes y jesuitas en los diversos medios de comunicación, establecidas por la conferencia episcopal y separadamente por nuestros superiores, he decidido interrumpir mi actividad a partir del 20 de abril, cuando entran en vigor las normas. Tal vez algún día vengan tiempos mejores”.

Uno de sus hermanos, Krzysztof Madel, comentó la decisión de los obispos de la siguiente manera: “Polonia es probablemente el único país del mundo donde se publican decretos de este tipo”.

Que conste que hay más decretos similares, no voy a decir iguales, fuera de Polonia.

Son varios los aspectos que habría que comentar del Decreto. Por ejemplo el que dice que “están obligados a transmitir fielmente la enseñanza católica según la doctrina del magisterio de la Iglesia” o el que deben aparecer con el traje clerical propio de uso común.

Tengo la impresión de que el Decreto es una respuesta a intervenciones en los nuevos medios y en las redes sociales de determinados sacerdotes. En el transfondo la cuestión, los antivacunas. 

No sé si con lo que dice el Código de Derecho Canónico sería suficiente. Da la impresión de que se ofrece una respuesta a las probables “patologías” de presencia, lo que no alienta una presencia adecuada, precisamente.

Mucho me temo que este tipo de actuaciones puede generar cierto contagio en otros episcopados.

Aunque suene a “poner puertas al campo”.

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