Opinión

Conversaciones con Rafael Aguirre

Rafael Aguirre.
photo_camera Rafael Aguirre.

Tengo una vaga idea de haberme encontrado personalmente con el protagonista de esta columna en algún momento. Se trata del biblista Rafael Aguirre, que fue profesor de Nuevo Testamento en Deusto, sacerdote de Bilbao, colaborador asiduo en la prensa. Ahora se publica en PPC un libro de una larga conversación suya con su discípulo Carlos Gil.

Son muchos los temas que abordan en el diálogo. La parte más densa es la referida a los estudios del Nuevo Testamento desde la perspectiva socio-cultural y antropológica, escuela de la que Aguirre es un maestro. No voy a meterme en charcos sobre las metodologías subyacentes, y sus fundamentos, de esta propuesta de análisis y estudio de la Escritura. Tampoco voy a referirme a sus experiencias  en El Salvador, a la Teología de la liberación o a los juicios, que darían para un debate, sobre los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. No sé porqué, ni cómo, hay digestiones que parece que no se han hecho bien.

En el libro hay algunas perlas, digamos, preciosas. Sobre el peligro de la utopía cristiana sin mediaciones históricas, que ha llevado a la ideologización del cristianismo y su instrumentalización por la izquierda y por la derecha. O sobre la comunidad de jesuitas de Deusto, bueno, alguno de su miembros de entonces.

Solo voy a referirme un poco más in extenso a lo que dice sobre el proceso de paz en el País Vasco. Digamos que Rafael Aguirre fue un mártir de la denuncia de la violencia de ETA y de las palabras, las miradas, los silencios cómplices, también en el mundo eclesial vasco en los años más duros. Es este aspecto el que me produce una mayor y más profunda admiración.  

Por eso estremece leer, por ejemplo, lo siguiente: “Por eso el discurso de la reconciliación me parece que en el País Vasco de nuestros días, con frecuencia es el terreno de la ambigüedad. Hay que ir con mucho cuidado. En su última congregación general, la Compañía de Jesús dio prioridad al tema de la reconciliación, y se nota, y es un discurso que siempre viene bien, pero ojo, que no nos den gato por liebre. Si por reconciliación quieren decir que aquí ha habido dos grupos enfrentados, dos bandos, qué se yo, como si hubieran estado aquí los sandinistas y los contras y que ahora tienen que llegar a encontrarse…., pues no. Esto no sucedió nunca en el País Vasco. Aquí tenemos que llegar a una convivencia que reconozca la pluralidad que existe dentro del País Vasco, pero que parta de un diagnóstico claro sobre la historia que ha sucedido”.

Bueno, supongo que en el que se denomina “nuevo diseño viniente” de los obispos de las diócesis del País Vasco no demos un paso atrás en la historia. Ni lo revistamos de Francisquismo, que entiendo que el Papa Francisco no sirve para justificarlo todo. Mucho se habla, por cierto, de determinados obispos eméritos. Quizá también haya que empezar a hablar de alguno del País Vasco.

Al tiempo…

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