Opinión

Estos buenos chicos de Comunión y Liberación…

Encuentro Madrid 2021.
photo_camera Encuentro Madrid 2021.

Ya sé que no es fácil que la gente se ponga de acuerdo en esto de las agendas. El pasado fin de semana, al margen de los pistoletazos de salida sinodales, al menos en Madrid y que yo estuviera implicado o invitado, coincidían tres encuentros. 

Por razones obvias prioricé la Asamblea General de la Asociación Católica de Propagandistas. Tenía la seguridad de poder ver después los vídeos del Encuentro Madrid 2021, lo que cada año de la era de la normalidad-post organizan estos buenos chicos de Comunión y Liberación. 

Hasta el presente he dedicado el tiempo al encuentro entre ese fenómeno social que se llama Ana Iris Simón y el analista, del que no tenía conocimiento previo,  Antonio García Maldonado, autor del libro “El final de la aventura”.

También he visto, o visionado, como se dice ahora, el del diálogo de mi admirado teólogo Prades, don Javier, y el filósofo catalán Josep María Esquirol. Me falta la entrevista de mi colega Restán al patriarca de Jerusalén, Pizzaballa.  

Una vez más me confirma todo lo visto que Encuentro Madrid, un eco suelto del Meeting de Rimini en España a la puerta de casa, tiene una frescura de método y propuesta que no suele ser frecuente por estos predios.

Esa frescura se percibe no solo por ciertas moderaciones jóvenes, y aventuradas, sino por el planteamiento de fondo de las cuestiones que nos hablan de eso sustancial humano, es decir, de lo que tocamos todos los días con la mano.

Es ahí en donde lo cristiano no aparece como un apósito o una pose. Lo cristiano, entre la pose y el apósito, podría titular una columna. Lo cristiano como hilo natural de la existencia. El espacio común en el que se comparten inquietudes, frustraciones y esperanzas con un mundo en constante cambio.

No es necesario, por tanto, forzar la pregunta a quienes no comparten con nosotros la experiencia de la fe para que señalen el precio, en rebajas, de nuestra propuesta. Esto de estar preocupados, por no decir obsesionados, por lo que dicen quienes no son creyentes, entiendo que agnósticos o ateos, sobre lo que piensan y hacen quienes tienen fe, me parece propio de gente que vive en círculos cerrados. 

Lo natural ahora, en la sociedad plural que tenemos dentro de casa y en el pasillo de nuestra vivienda, es encontrarte en medio del camino de la historia y sentarte a dialogar sobre aquello que nos ocupa y nos preocupa con quienes dicen que no tienen fe o que no creen en Dios, o que les da lo mismo.

En el comunicado final, síntesis de lo principal vivido, estos chicos de Comunión y Liberación dicen que: lo humano tiene una “profundidad” constitutiva y una dimensión “misteriosa” que piden algo infinito, aunque no lo sepamos definir. Que la esperanza solo se sostiene dentro de un amor a la realidad, sin falsas ilusiones ni afirmaciones abstractas. Que todos necesitamos la esperanza cada mañana para poder respirar. Necesitamos una esperanza verdadera, anclada en la carne de la realidad.

Y que todo buen encuentro pide reencuentro.

La vida misma.

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