Opinión

La batalla eclesial por Madrid

Leopoldo Eijo Garay.
photo_camera Leopoldo Eijo Garay.

Preparando una clase del Máster de Historia Contemporánea del CEU me tope con un artículo de “Hispania Sacra” que, tengo que confesar, no había leído. Escrito por José Ramón Rodríguez Lago aborda los conflictos entre el que fuera obispo de Madrid, monseñor Eijo y Garay, y el Nuncio Federico Tedeschini (1923-1936).

Ya se sabe que ahora está de moda todo lo que tiene que ver con la Segunda República y, por desgracia, con la Guerra Civil. Además, coincide esta preparación con la lectura del “Diario de Federico Tedeschini” (Editorial Balmes), en una magnífica edición de don Vicente Cárcel Ortí.

Y digo magnífica no solo porque reproduzca los diarios de 1931-1936 del que fuera Nuncio en España, sino porque las notas a pie de página son, en sí mismas, otro libro. La erudición de mi recordado don Vicente es antológica. Por cierto que me he bajado de Amazon la tesis sobre Eijo Garay de Santiago Mata, a ver si compensa algo la mala imagen del período que uno se lleva.

Bueno, pero de lo que venía a escribir ahora es del título y tema del artículo de Hispania Sacra “La batalla eclesial por Madrid (1923-1936)”. El 1 de julio de 1923 llegó a Madrid Leopoldo Eijo Garay. El 1 de julio de 1921 había aterrizado en la capital este singular Nuncio, del que mucho se ha escrito y no poco se ha hablado. Por cierto los informes de los Nuncios anteriores sobre el clero de Madrid nada tienen que ver con la actual situación de este magnífico clero. Decía Ragonesi, por ejemplo, que era un clero escasamente formado y políticamente enfrentado.

En gran media la clave de la mala relación entre Eijo Garay el Nuncio radica en los vaivenes de la lucha de poder interno y en los desencuentros personales. Es muy curiosa la historia del clan de los sacerdotes gallegos en Madrid. Incluso el penoso, y no aclarado episodio final de la vida de uno de sus valedores, el sacerdote gallego, auditor de la Rota, capellán y confesor Real, Francisco Javier Vales Faílde.

En medio del conflicto entre Eijo y Tedeschini, a propósito de las pretensiones de Eijo por promocionar, leemos como Tedeschini escribía a Roma que Eijo era “poco o nada aceptado en la capital”.

Cuando los partidarios de Eijo quisieron que fuera nombrado Vicario General Castrense y  Patriarca de las Indias Occidentales, con motivo de la propuesta de traslado del Patriarca  Ramón Pérez Rodríguez a Granada, Tedeschini escribió sobre Eijo aludiendo a “su carácter frívolo y ligero, su exuberante e imprudente locuacidad, su sumisión absoluta a los deseos de la Corte. No trasladaría a la jurisdicción castrense ningún ejemplo de vida santa y mucho menos la energía que es absolutamente necesaria para frenar las ingerencias laicas y militares”.

Incluso Tedeschini habló en otro informe del modo de actuar del prelado “apasionado, tanto en sus acciones como en sus juicios” y se refirió, a renglón seguido a cuestiones de la administración diocesana.

Para ver cómo se las gastaban entonces, no hay más que leer el informe que Eijo Garay presentó cuando le pidieron consulta, en orden al nombramiento episcopal del que había sido su compañero de estudios en Roma y Vicario General de Madrid en sus primeros años de obispo, Antonio García García, que terminó sus días de arzobispo de Valladolid.  Por lo tanto, nada le sirvió su artillería argumental contra García García para evitar que le nombraran obispo.

Si los papeles actuales sobre las consultas de nombramientos de obispos son como los de entonces, que se preparen los historiadores del futuro…

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