Opinión

La autenticidad y la firmeza

El papa Francisco y monseñor Fernando Sebastián en una imagen de archivo.
photo_camera El papa Francisco y monseñor Fernando Sebastián en una imagen de archivo.

Escuché el fin de semana pasado una homilía en la que el celebrante habló de la necesidad de minorías creativas para el futuro de la misión en España. Olvidémonos por tanto de las masa, del catolicismo sociológico de masas.

Me acordé entonces de que el cardenal Marcelo González Martín, en Valladolid, año 1979, comenzó una conferencia sobre la realeza de Jesucristo haciendo referencia al Concilio Vaticano II, en concreto a aquellas palabras pronunciadas por Juan XXIII el 11 de octubre de 1962:

“El gran problema planteado al mundo, desde hace casi dos mil años, subsiste inmutable. Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con El y con su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien están sin El o contra El, y deliberadamente contra su Iglesia: se tornan motivos de confusión, causando asperezas en las relaciones humanas, y persistentes peligros de guerras fratricidas”.

Quizá olvidamos con demasiada facilidad esta disyuntiva. El cardenal Fernando Sebastián en su libro ya olvidado, incluso poco conocido, “Claridad y firmeza. Transmitir la fe hoy en España”, de Publicaciones Claretianas, decía, reconociendo que el cambio en la sociedad Española ha sido tan profundo que es difícil de asimilar,  que los católicos españoles hemos vivido un tiempo duro de revisión y decaimiento. Pero que en buena parte, el futuro de España y de los españoles dependen de la autenticidad y firmeza con la que la Iglesia y los cristianos cumplamos con nuestros compromisos en estos tiempos de cambio y de inseguridad.

No nos engañemos. El futuro depende de la autenticidad y firmeza de la Iglesia y de que los cristianos seamos capaces de hacer viable el Evangelio de la verdad. El cardenal Sebastián señalaba algo así como que la Iglesia española es hoy una Iglesia minoritaria, con poca influencia social, que vive y actúa en un país donde reina el laicismo.

No hace mucho oí a un sacerdote que se dirigía a un grupo de jóvenes ala siguiente afirmación sobre la vocación de los cristianos laicos: “¿Cómo podemos transformar el mundo para hacerlo más acorde con los “sueños” de Dios?”.

Y la respuesta tiene una condición previa: “Pero antes de hacerlo, es necesario enunciar una condición previa: para mejorar cualquier realidad es imprescindible mirarla con ojos de amor”.

Para fundamentar la necesidad de “influencers” en el mundo, tenemos la doctrina de John Henry Newman cuando hablaba del laicado que quería para la Inglaterra del XIX y cuando advertía que “si la batalla se acerca, hay que permanecer sobre vuestro terreno, no sobre el terreno de los otros. Cuidaros de vosotros mismos. Que os vean ahí donde sois conocidos. Haceros conocer cada vez más vosotros mismos y vuestra religión, pues vuestra victoria está en ese conocimiento. La verdad saldrá a la luz, la verdad es poderosa y prevalecerá”.

           

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