Opinión

De la asignatura de Religión y otros menesteres

Las elecciones europeas, que se podría decir son unas elecciones sin Dios para una Europa sin Dios, por eso de la larga sombra del debate sobre la inclusión de Dios en el texto constitucional de infeliz memoria, están dejando para el día después algunos temas de la agenda interna de la Iglesia que no debieran pasar inadvertidos.

Uno de ellos no menor, para los obispos españoles y para la conciencia de la Iglesia, es el de la articulación de la asignatura de religión en la nueva Ley Wert.  Lo que aparentemente parecía un logro de la razón social y política respecto a la enseñanza de la religión en la nueva ley –a excepción del bachillerato-, por mor de la aplicación en el territorio MEC y la influencia que puede tener en las Comunidades Autónomas, se está convirtiendo en un puzzle difícil de gestionar en el que los taifas educativos de sus reinos están castigando a la asignatura de religión y la están convirtiendo, por la vía de los hechos, en una pequeña maría. 

Andalucía ya lo ha dicho: nos quitasteis la asignatura de Educación para la Ciudadanía, luego media hora solo de religión. Es decir, buenos días y adiós. 

Esto ocurre, y en el Ministerio ya lo saben, y bien que lo saben, cuando los padres están matriculando a sus hijos. Un ejercicio doble, el de la matriculación de los hijos para al clase de religión y el de la “x” en la casilla de la declaración de la renta, que supone la más nítida confesión de fe social de los católicos, y de no pocos ciudadanos de buena voluntad, en estas fechas. 

En estas estamos cuando los obispos de Galicia publican una “Carta Pastoral conjunta redactada con motivo de la celebración de la Jornada Interdiocesana de Enseñanza Religiosa Escolar”. Un texto ejemplarmente articulado en su argumentación y que no debiera pasar inadvertido. 

Dicen los obispos: “El saber religioso no puede quedar al margen de la construcción social y de los procesos educativos. Consideramos que lo religioso debe estar en el espacio público y educativo en igualdad de condiciones. Y vosotros, padres y madres de familia, tenéis el derecho y la responsabilidad de exigir que vuestros hijos reciban la educación religiosa según vuestras convicciones religiosas”.

Y añaden: “La enseñanza religiosa escolar ha de ser equiparable a las demás asignaturas en el planteamiento de sus objetivos, en el rigor científico de sus contenidos, en el carácter formativo de sus métodos, y en la significación educativa del conjunto del programa escolar”.

José Francisco Serrano Oceja


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