Opinión

Así trata el Gobierno a los obispos

Alfonso Carrasco Rouco.
photo_camera Alfonso Carrasco Rouco.

Aunque ha pasado más inadvertido de lo que debiera, la Nota o Comunicado de la Comisión Episcopal de Educación, que preside el obispo de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco Rouco, es determinante para saber qué está pasando en las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia, al menos en lo referido a la educación. Y, según parece, no solo en la cuestión educativa.

Según las últimas noticias, las conversaciones con el Gobierno se están complicando. Aunque haya destacables prelados que no quieran ver la realidad y sigan con su buen rollito con los que gobiernan, que ya se sabe, algo habrá por medio.

Si ha habido un interlocutor paciente con el Gobierno ha sido la entente eclesial educativa. Con dos perfiles de obispo sentados en la mesa muy adecuados, y complementarios. Por un lado, el obispo secretario, monseñor Argüello, que suele llevar la voz cantante, tenor lírico spinto, y con monseñor Carrasco, otro peso pesado argumentalmente, éste tenor mozartiano.

No es que los obispos, y sus adláteres, fueran unos ingenuos. Es que creían en la capacidad de persuadir al Gobierno una vez que aceptaron las reglas de juego pedagógicas y que, incluso antes, les hubieran hecho una propuesta tan rompedora y novedosa como eficiente.

Por mucho que se hable de que la Iglesia no quiere ir al conflicto, que es cierto, la realidad, en las relaciones con el Gobierno, es que quienes no parece que escuchan lo que se les propone, que es bueno en sí mismo y objetivo y respeta las reglas del juego, son ellos, y quienes buscan que el interlocutor plantee el conflicto son ellos.

Los obispos se han topado con algo más que la política, con la ideología que produce una cerrazón tal que, una vez mas, convierte una ley, supuestamente en beneficio de todos, en un instrumento ideológico.

Pero lo que se desprende es una especie de desprecio de base sobre la capacidad educativa del hecho religioso, que es la tónica de fondo de los interlocutores gubernamentales. Por más que en Europa y en el mundo, la cuestión de la educación religiosa esté en plena efervescencia, se considere clave para las sociedad plurales, por aquí estamos instalados en los clichés o estereotipos.

He aquí la situación a día 4 de noviembre de 2021. Destaco algunas afirmaciones principales del comunicado:

-“Lamentamos, especialmente, que la dimensión espiritual y religiosa de las personas y de los pueblos no está suficientemente recogida en la Ley.

- El texto finalmente aprobado mantiene una situación ya conocida, que no es del todo satisfactoria para nosotros.

- Reconocemos que ha mantenido la oferta obligatoria de Religión católica en todas las etapas, desde el segundo ciclo de Infantil hasta Bachillerato, y que se ha regulado su evaluación “en los mismos términos y con los mismos efectos que las otras áreas/materias”.

- No se entiende, sin embargo, que en estos Proyectos dicha evaluación no sea tenida en cuenta en las etapas superiores, a efectos de la computabilidad. Consideramos un error que no se haya ofrecido al alumnado que no elige Religión un área/materia en condiciones equiparables; se evitaría todo riesgo de discriminación y habría sido una mejor respuesta a las exigencias derivadas de las competencias clave.

- Se ha perdido la oportunidad de mantener al menos el horario mínimo LOE, ley a la que la LOMLOE da continuidad. Sorprende que en una apuesta por un modelo competencial se limite al mínimo posible la carga lectiva en un ámbito tan decisivo para la educación de la persona como es el de la ERE.

- La Comisión Episcopal para la Educación y Cultura ha intentado encontrar una solución positiva y asumible por todas las partes a la situación de la Enseñanza Religiosa Escolar, ofreciendo también propuestas concretas. En este tiempo que se abre tras la regulación de las Enseñanzas Mínimas, reiteramos la voluntad de diálogo con las Administraciones educativas en el ámbito de sus competencias.

- Conscientes de la importancia fundamental del bien de la educación para el alumnado, sus familias y toda la sociedad, proponemos la presencia de la propuesta educativa cristiana y el valor de su contribución al mundo de la enseñanza. No perdemos la esperanza de llegar a acuerdos y pactos en materia educativa que sean inclusivos y que cuenten con todos”.

Han dicho.

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