Opinión

Algo raro pasa en la Iglesia en España

Monseñor Juan Antonio Reig Pla y el Papa Francisco.
photo_camera Monseñor Juan Antonio Reig Pla y el Papa Francisco.

Dos acontecimientos eclesiales recientes en España han provocado un cierto tsunami. El primero, el caso Gaztelueta. El segundo, la aceptación de la renuncia de monseñor Reig Pla, y la designación del obispo auxiliar de Madrid, Jesús Vidal, como administrador apostólico.

Dos datos de una realidad que parece se está complicando. Es posible que haya quien piense que no hay relación entre ambos, que son decisiones distintas y procesos distanciados. No lo tengo tan claro.

Respecto al primero, me sigue sorprendiendo que un caso juzgado por la justicia civil, el foro al que con frecuencia recurre la Iglesia en primera instancia para este tipo de delitos, se retome ahora en el foro canónico, cuando hasta el presente nadie había denunciado esta situación.

Si el problema era que no hubo proceso canónico, porque se entiende que no lo hubo, se supone que fue por motivo y causa consolidada. ¿Cuál fue entonces, y es ahora, el papel de la Congregación para la Doctrina de la fe? Por cierto, ¿España no tiene un magnífico Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica?  

Ahora, este nuevo tribunal, ¿qué naturaleza y misión tiene? ¿Hacer un proceso que no se hizo, remedar un proceso inexistente, investigar para dilucidar si hay que abrir un proceso por primera vez?¿Alguien ha dejado claro algo de esto?

De momento, quienes no han parado de hablar son la víctima y los padres de la víctima. Satisfechos con la media tomada, sin duda. Y dando la impresión de que es su forma de añadir justicia a la justicia. También ha hecho alguna declaración el actual obispo de Bilbao, por cierto.

Tengo que confesar que, en estas cuestiones, cuantas más declaraciones públicas leo sobre procesos “vinientes” o en curso, más me huele a chamusquina.

Además, me surgen dudas, que espero aclarar pronto, sobre la seguridad jurídica. Por lo que parece, según las informaciones publicadas, da la impresión de que el tribunal está elegido ad hoc, con miembros no determinados por razones asentadas y objetivamente universales que evitan cualquier sesgo, sino con criterios de afinidad electiva.

Por otra parte alguien tiene que explicar de nuevo aquellos principios sagrados del derecho, de todo derecho, como el de la seguridad jurídica, el no prejuzgar las causas mediante procedimientos públicos de juicios mediáticos, por ejemplo, la independencia judicial, o la no retroactividad de las leyes. Veremos cómo se garantizan a la hora de exigir responsabilidades tanto personales como institucionales.

Al margen de la cuestión de hasta qué punto un fiel laico pueda ser objeto de un proceso de esta naturaleza. Máxime si los hechos ocurrieron antes de la reforma de la parte penal del actual Código de Derecho Canónico.

Estaría bien que alguien aclarara estos supuestos, al menos que se clarificaran por el curso de lo que vaya a ocurrir.

Como supongo le habrá ocurrido a no pocos lectores, me he preguntado qué habría ocurrido si este caso no se hubiera dado en un colegio que no fuera del Opus Dei, es decir, si el Opus Dei no estuviera por medio, ¿el curso de la historia hubiera sido el mismo?        

Otra cuestión de los últimos días ha sido la aceptación de la renuncia de monseñor Reig. No por el hecho de la aceptación de la renuncia, ni incluso el del tiempo en el que se ha producido, desde que presentara la carta al cumplir 75 años.

Más bien porque se haya nombrado un administrador apostólico en la persona de un obispo cuya experiencia de gobierno es descriptible.

Entiendo que si a los obispos no se les acepta la renuncia al día siguiente es porque los procesos de sustitución no están concluidos. Es decir, porque se inician en ese momento. No sé si este sistema es el más adecuado, y no lo digo solo por los agravios comparativos.

No olvidemos que fue Joseph Ratzinger el que en algún momento planteó dudas, desde el punto de vista teológico, a esto de la renuncia de los obispos a los 75 años, edad en el que, en las actuales circunstancias sociales, una persona puede dar aún mucho juego.

No recuerdo en la historia de la Iglesia en la España contemporánea un caso de similar naturaleza. Con lo que podría decir que estas decisiones no se habían tomado en España hasta ahora.

¿Tan mal estábamos y estamos? ¿Tan anómala es la situación de la Iglesia, la situación episcopal, en nuestro país? ¿Seguimos con Agatha Christie y la muerte de los diez negritos? ¿Cuántos van ya? ¿A qué suena todo esto?

Lo que nos coloca en un estado de excepción en el que es posible que no sigamos llevando alguna sorpresa. Al tiempo.            

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