Opinión

Y ahora, qué hacemos…

Jorge Martín Montoya y José Manuel Giménez Amaya.
photo_camera Jorge Martín Montoya y José Manuel Giménez Amaya.

Perdonen mis siempre apreciados lectores y lectoras porque quiero compartir con ustedes una preocupación, una conversación de este fin de semana. Cuando me tocó exponer las conclusiones del Taller “Disidencia comunicativa y redes de libertad”, en el Congreso Católicos y Vida Pública, dije lo siguiente:

“Esa cosmovisión progresista, que está dominando el sistema cultural y comunicativo, nos exige salirnos del sistema para influir en el sistema. Las nuevas redes sociales y los fenómenos emergentes de los streamers, youtubers e influencers nos están invitando a romper con la intermediación clásica que representan los medios generalistas para cambiar el sistema desde dentro”.

            Bueno, era una conclusión a la que se había llegado en el grupo. La estrategia de salirse del sistema para volver al sistema, a regenerar el sistema, está ya muy probada.         

Pasados unos minutos, mi amigo Ricardo Viejo, desde Asturias, que estaba siguiendo el Congreso por la web, me envío el siguiente mensaje que les comparto –con su permiso- y someto a su consideración y reflexión:

“Salirse del sistema para influir en el sistema”, ese es el tema de fondo, o si lo quieres más radicalmente, se trata de “estar en Dios”!!!

No se trata de resistir, ni de organizar la resistencia: No.

Tenía razón Domingo González se trata de “contraatacar”. Suena belicoso, a batalla!!! ¿Que sería contraatacar? ¿En donde se debe fundar el contraataque?

Hay que ir a la raíz del problema, y hay que trabajar en la fe, no presuponerla, no darla por supuesta, estar constantemente activándola, actualizándola, viviéndola!!!

Acabo de leer un libro titulado, “Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual”, escrito por Jorge Martin Montoya Camacho y José Manuel Gimenez Amaya, este último médico, sacerdote, filósofo, profesor en la Universidad de Navarra, formado en España y norteamérica, con un extraordinario currículum, yo no lo conocía de nada antes de leer este libro publicado por EUNSA.

El libro es un acertado diagnóstico sobre la situación mundial actual, muy bien escrito, y muy bien planteado, desde la ciencia, desde la filosofía, y desde la creencia. Es una síntesis buenísima de la situación. En su prólogo el Profesor Sanchez-Migallon señala que “los autores se comprometen en sus páginas porque hablan de lo que nos pasa y de lo que nos espera, así como de lo que nosotros miramos o dejamos de ver. No se habla aquí sólo de ideas, ni solo de diagnósticos de algo ajeno al investigador. Se tratan de problemas de los que todos somos de alguna medida responsables: y los filósofos no menos que los científicos, ni los creyentes menos que los incrementes.”

Pues bien, en ese libro, en su capítulo cuatro:

¿Que futuro nos espera?, que he releído varías veces, en sus epígrafes

4.4.1: Transmitir la fe en una cultura “vaciada” de ella, y también en el epígrafe 4.4.2: “Pensar” la fe: explicar por qué es razonable creer lo que se cree, en estos capítulos te traen los autores a ti a colación a propósito del comentario tuyo a una conferencia pronunciada en el verano de 2018 en la Universidad Internacional Menendez y Pelayo pronunciada por Don Olegario González de Cardenal con el título: “Vieja memoria y nuevas tareas De la Iglesia”.

El libro, como te digo, trae a colación tu comentario a la conferencia de Don Olegario en varios momentos.

Y es que me vienen a la memoria las páginas finales del libro porque versan sobre las tareas de los católicos en estos tiempos, tareas que guardan relación con el fondo del tema del congreso que se está celebrando y donde tú estás presente.

El diagnóstico está claro, el pronóstico también, ahora bien, la acción, la acción, que debemos llevar a cabo, ¿cuál es?

Enhorabuena otra vez y un fuerte abrazo!”.

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