Opinión

Ockham y el mapa episcopal

Aparentemente el pontificado de monseñor Francisco Pérez transcurre por los cauces de la normalidad institucional y, como tal, este sorpresivo nombramiento se ha entendido no como una respuesta a las necesidades del presente sino una preparación para el futuro. Inmediatamente aparece la sombra de la sucesión en Vitoria; o la necesidad de trabajar con el sector euskaldún de esa Iglesia, o la perspectiva de una larga y acreditada trayectoria de monseñor Francisco Pérez, que es de los obispos que más ha transitado por diversas moradas. Hacía mucho tiempo, desde la época de monseñor Larrauri, que Pamplona no tenía un obispo auxiliar.

Podemos utilizar el método de la navaja de Ockham para explicar la designación en el contexto del mapa episcopal hispano. Ya sabemos, conviene no multiplicar los entes sin necesidad. Y menos hacer quinielas o especulaciones sobre los "Secretos de un arzobispo", en alusión al libro de conversaciones de monseñor Pérez González con la periodista Teresa Gutiérrez de Cabiedes.

No debemos olvidar que en el nombramiento de obispo auxiliar, la iniciativa se atribuye al propio obispo diocesano, sin que por ello se limite la libertad del Romano Pontífice para elegir y nombrar a otros, incluso los no incluidos en la terna, o para denegar la concesión. Lo previsible era que aumentara la nómina de obispos auxiliares en España, pero en diócesis que tienen la plaza vacante si lo consideran sus titulares, como puede ser Toledo, Valencia, Getafe, o alguna que otra sorpresa causada por la situación de la diócesis o el estado de salud del prelado. Y en esta cuestión hay jurisprudencia amplia.

Lo paradójico de la situación del mapa episcopal es que no hay mucha previsión de cambios en las sedes a corto plazo, a excepción de lo que pase con las tres diócesis en las que sus pastores han cumplido la edad reglamentaria de presentación de la renuncia. Orihuela-Alicante ya tiene muy avanzado el proceso y en esta temporada los vientos soplan por Valencia. Madrid es harina de mucho costal, y todavía no es tiempo de cábalas ciertas, aunque sí de abundantes deseos. Y Barcelona tiene su ritmo al son de la sardana.

Esto no quiere decir que el Nuncio en España no esté trabajando duramente para el 2014, año en el que presentarán la renuncia los primeros de una larga serie que llevará, en cinco años, a una renovación sustancial de nuestro episcopado. En el 14 se espera que la crisis se conjugue ya en pasado, y se den las renuncias de los obispos de Barbastro-Monzón, Segovia, Lérida y Vitoria. En 2015 cumplirán los de Burgos, Mérida-Badajoz, Jaén, Ciudad Real y Astorga. En 2017, los de Getafe, Ávila y Valladolid... y así suma y sigue. Pero esto es materia de largas distancias y demasiado tiempo.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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