Opinión

Larga digestión textual

Antes de comenzar a redactar esta columna sobre la primera digestión de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, “Amoris Laetitia”, he puesto el escáner a las cartas pastorales de los obispos españoles en los días siguientes a la presentación pública del texto. Quizá con la pretensión, y curiosidad, de poder encontrarme con alguno que, en el fin de semana, se hubiera lanzado ya al ruedo.

De momento, las cosas de palacio van despacio y no me he topado, cuando redacto estas líneas, a ningún obispo que haya publicado ya sobre el texto papal. Doy por supuesto, -y no sé si es mucho suponer-, que los obispos tenían el documento al menos 24 horas antes de su puesta en escena.  

La digestión, por tanto, es larga –el texto lo es-, que no pesada. Si hablamos de la recepción del texto pontificio, da la impresión que el criterio de su novedad, con el que la han recibido los medios generalistas, parte del supuesto siguiente: si el Papa modifica la disciplina respecto a los divorciados y vueltos a casar, pongamos por caso las situaciones irregulares, es aperturista. Si no, es más de lo mismo.  Hay quien ha dicho en la prensa, de forma no muy acertada, que ha sido “El parto de los montes”. Sin comentario.

La Exhortación Apostólica, que tiene momentos de belleza sin par, y que, como muy bien dijo el cardenal Schönborn en su presentación, nos sorprende por un lenguaje nuevo, plantea, de fondo, algunos retos que seguro darán mucho que hablar. ¿Se ha abierto alguna veta en el edifico doctrinal?

Uno de  ellos, no menor, es si el uso de ese nuevo lenguaje, que lo es en las formas expresivas, en el estilo, en los modos de argumentación, y también afecta a la comprensión de la doctrina moral, es decir, a la teología moral.

¿Se podría decir que las categorías que utiliza el Papa abren una fisura en el edifico del sustrato conceptual sobre el que se expresaba el magisterio moral de la Iglesia? ¿Plantea, por tanto, una nueva relación entre lenguaje teológico, lenguaje magisterial y expresión de contenidos doctrinales?

De ahí la cuestión de si hay que leer “Amoris Laetitia” del Papa Francisco con la “Familiaris consortio” o sin la “Familiaris consortio”, por decirlo de alguna forma. Hermenéutica de la continuidad o hermenéutica de la ruptura. Quien afirma que hay que leerla con “Familaris consortio”, por ejemplo en la relación entre actos intrínsecamente malos y conciencia, ¿afirma una proposición tautológica? ¿Se puede leer un texto del magisterio discontinuamente, en evolución por ruptura progresiva respecto de los anteriores?

Y no digamos nada si nos metemos en el amplio universo de la constelación  “conciencia” y de su relación con los actos intrínsecamente malos. Aquí se puede afirmar, hasta el presente, que parece que cada comentarista lee el texto en función de lo que quisiera salvar o de lo que quiere destacar como novedoso. Hay quien ha afirmado, incluso, que, por ejemplo, la utilización de algunas citas de Santo Tomás de Aquino están sacadas de contexto, reinterpretadas, y que por tanto, el Aquinate no decía, ni quería decir, lo que el Papa afirma que escribía el doctor angélico. ¿Una teología moral post?

De hecho, los varios niveles de lectura de la “Amoris laetitia” permiten el plural disfrute. Es decir, el banquete y la provocación intelectual y espiritual que provocan un nuevo comienzo.  

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