Opinión

Embajador en la “Roma B”

Y no deben pasar inadvertidas. La primera fue a la revista mensual "Mundo cristiano". Ahora, aparece otra, muy significativa, a la revista "Vida Nueva", en la que, además, se palpa la mano del corresponsal histórico de este semanario en la ciudad eterna, el sacerdote Antonio Pelayo, que es también el responsable de relaciones con los medios de esa emblemática embajada.

A la hora de decidir el perfil de quien iba a ocupar el titular del Palazzo de Spagna se produjo la discusión sobre si debía ser político, y de alto voltaje, o más bien un técnico de exquisita cualificación. Jorge Moragas, que tuvo la penúltima palabra, apostó por uno de sus hombres de confianza. Un embajador acreditado, con amplia experiencia en los países americanos y de total confianza del núcleo duro del gobierno.

Es posible que para la Iglesia fuera un desconocido. Pero la profesionalidad siempre es una magnífica tarjeta de presentación. Lo está demostrando con su labor de filigrana, sin más sobresaltos que algunos últimos acontecimientos, como el episodio de los efectos provocados por la decisión del Tribunal Constitucional acerca del mal llamado matrimonio gay, o la cuestión del nacionalismo catalán y sus repercusiones eclesiales.

¿Nos encontramos ante un embajador que inclina la balanza de la gestión diplomática hacia el trabajo sobre las relaciones Iglesia-Mundo o sobre lo interno de la Iglesia? No hace muchos días, quien ocupara ese cargo siendo emblema de la forma socialista de relacionarse con el Vaticano a través del puente directo, el exalcalde Francisco Vázquez, alababa en privado la iniciativa del actual embajador de continuar con las series de ciclos de conferencias, que se habían visto interrumpidas en los tiempos de la embajadora María Jesús Figa. ¿Lo interno va ganando puntos?

Dos ideas, tomadas de la entrevista del director de Vida Nueva, que dan a entender que Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga se ha hecho ya una composición de lugar del territorio que pisa. La primera, referida a la "Roma B", que no es un equipo de segunda. Es ese "espectacular nivel de presencia de españoles al frente de congregaciones religiosas, tanto masculinas como femeninas. No hablo sólo de órdenes como los jesuitas o los franciscanos, sino también de muchas congregaciones e instituciones religiosas de diverso tipo: Opus Dei, movimientos como Comunión y Liberación o el Camino Neocatecumenal". La segunda, sobre un deseo: "Me he dado cuenta de que la presencia española es notable, pero añadiría este matiz: sería bueno que el número de seglares españoles en los organismos de la Curia romana fuera mayor, porque ahora su presencia, a mi juicio, es insuficiente, teniendo en cuenta la gran importancia que tienen en España los nuevos movimientos nacidos del Concilio".

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