Opinión

Despejar la X

Ha comenzado la campaña de la declaración de la renta y también la campaña de la Iglesia a favor de la x en la casilla adecuada del formulario. La clásica campaña del por tantos, por muchos, por todos, que ya no sé si se llama así.

En determinados ambientes sociales, periodísticos y eclesiales se ha destapado otra campaña paralela destinada a utilizar ese instrumento de asignación de recursos para la Iglesia católica en contra de la Iglesia, como una especie de castigo efectivo por acciones, decisiones, omisiones, por una dirección que algunos consideran equivocada. 

Para este argumentario adverso, además de una interpretación no contrastada de los datos últimos, dicen que juega un papel determinante el papel de los obispos en el caso catalán, entre otros.

Quizá haya que hacer, en este momento, un esfuerzo añadido en despejar la x de la complejidad que nos rodea, de las intenciones políticas, del tufo de un “mantra” que se repite con demasiada frecuencia y que dice algo así como “vamos a enviar un mensaje a los obispos, vamos a castigar a los obispos…”.

La Iglesia real, la Iglesia del día a día, no se merece que se contamine ese instrumento de asignación de recursos que, además, también está diseñado para el reconocimiento del servicio que presta la Iglesia a la sociedad por parte de los no creyentes.   

Hace mucho le oí al cardenal Cañizares decir que, en la Iglesia, para ser libre hay que ser pobre. La relación entre dinero e Iglesia nunca ha sido fácil. En tiempos de trasparencia son muchos los esfuerzos que se han hecho y se están haciendo en la gestión de los recursos. Pensar en la financiación de la Iglesia implica no confundir los fines con los medios. Instrumentalizar un mecanismo como la asignación tributara dice muy poco de la responsabilidad de cada uno ante la conciencia de sostenimiento de la Iglesia, que es obligación de todos.

En este sentido, las diócesis han dado importantes pasos. Es cierto que, si se han mejorado los sistemas de gestión, ahora hay que replantear las fuentes de los ingresos.

La situación económica de las diócesis españolas, por cierto, es muy variada. Aunque no prolifera la información sobre los estudios ni mapas de conjunto, podemos tener en cuenta que desde un caso de intervención de facto, pasando por algún otro de crisis inminente, hay otras que han sabido asegurar la estabilidad presupuestaria. La idea general es que hay que preparar bien el futuro inmediato.

¿No habrá llegado el momento de un cambio general de modelo, de paradigma?  En este cambio juega un papel muy importante la conciencia de los fieles y los mecanismos que inciden en esa conciencia. De los fieles y de los hombres y mujeres de buena voluntad que quieren contribuir al bien general de la sociedad española apoyando a la Iglesia que sirve con sus obras y con sus palabras, con sus gestos y sus ideas.


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