Opinión

Católicos y de derechas (I)

La catedrática de ciencias políticas Edurne Uriarte, columnista habitual de varios medios y contertulia frecuente, acaba de publicar un libro titulado “Diez razones para ser de derechas y atreverse a decirlo”. Debe ser que llegan tiempos en los que ser de derechas no se cotiza en la bolsa de las adscripciones ideológicas. Lo que parece que comienza a llevarse es ser de centro, un mundo de color naranja.

Hay varias afirmaciones más que curiosas en el libro, que no pretende ser una historia de la derecha española sino un análisis de los valores, y virtudes, que encarna ser de derechas.

Lo llamativo, para nuestros efectos, es que le dedique dos capítulos al cristianismo. El primero titulado “El valor del cristianismo” y el segundo, “La defensa de los valores occidentales”, dedicado al cristianismo como fenómeno histórico.

Me centraré en el primero y en alguna de sus más relevantes afirmaciones. Parte del supuesto de que la izquierda, en el fondo y en la forma, tiene una actitud de confrontación con el cristianismo.

Por los datos que ofrece no hay lugar a dudas que las actuaciones contra el cristianismo de carácter público, -ofensas, profanaciones,  declaraciones varias-, al menos en España, se han hecho en ámbitos o contextos de izquierda, y para ser más exactos, de una izquierda radical que entró no hace mucho en efervescencia.

Mientras, afirma Edurne Uriarte, la derecha “acepta y respeta las creencias cristianas, considera que son una parte fundamental de la cultura occidental y que, además, deben recibir un tratamiento político acorde con un inmenso peso en nuestras sociedades. El cristianismo se convierte –señala la autora- de esta manera en otra diferencia definidora de la frontera entre la izquierda y la derecha”.

El primer problema que se plantea el lector es que Edurne Uriarte cuando se refiere al cristianismo lo hace desde el punto de vista sociológico y cultural y no experiencial. No profundiza en la definición de lo católico –por extensión utiliza el concepto de cristiano- en su doctrina y en su forma de presencia y actuación.

Si hubiera profundizado en la identidad de lo católico –tampoco era el objeto del libro- se hubiera dado cuenta de que una persona de fe, por naturaleza, no se identifica ni con la derecha ni con la izquierda. La fe no es de derechas ni de izquierdas. Ser católico, para una persona, es un prius, es una experiencia previa de encuentro con una Persona, Jesucristo, y una vida en una comunidad, la Iglesia. Convertir la fe en una ideología, de derechas o de izquierdas, significa profanarla y caricaturizarla.

Otra cuestión es que haya ideologías que se estén nutriendo de valores que emanan de la experiencia cristiana, que los asuman como suyos y que los conviertan en su patrimonio. La solidaridad, entendida desde el Evangelio y la tradición, no es patrimonio de la izquierda. Y la defensa de la vida, el matrimonio y la familia, de la derecha.  Aunque bien es cierto que antes los partidos de derecha defendían los que llamaban valores innegociables y los de izquierda los denostaban.

Un buen amigo mío dice que hay un mundo políticamente correcto que está encantado con el cristianismo se reduzca y se dedique a ser un humanismo y la Iglesia se convierta en una ONG dedicada a lo que nadie quiere en la historia, es decir, a los pobres, o a los deshechos de sus políticas. Ese mundo no digiere bien que los católicos propugnemos ideas sobre la persona y sus relaciones, sobre la naturaleza, que están en contradicción, “signo de contradicción”, con lo políticamente correcto, que suele estar alimentado por lobbys bien engrasados.  Esta es, por cierto, una cuestión trasversal a la izquierda y a la derecha, y a los partidos políticos de izquierdas y de derechas.

Y digo antes, -quizá ahora en algún país del grupo de Visegrado-, porque lo que es en España, el problema radica en que a la derecha política siempre le ha venido muy bien el voto cautivo de los católicos que se confiesan de derechas. Y a la izquierda ejercer con el cartel de anticlericales.

No creo que el partido de derechas hoy en España sea menos católico que el de izquierdas, o el de centro. Ni más, ni menos. Católicos habrá en ambos lados, incluso en la izquierda radical. Sí, no se puede negar, hay más votantes católicos de la derecha y el centro que de la izquierda.

Con lo que el problema se traslada al peso, e influencia, que se dé al catolicismo, y a la forma del catolicismo, respecto a las caducas categorías de derechas o de izquierdas y a los partidos que representan la izquierda y la derecha. Cuando hablamos de peso me refiero a la inspiración de la cosmovisión, de la perspectiva de concepción antropológica subyacente a toda política.   

Seguiremos… 


 
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