Opinión

Aviso para navegantes

Aviso para navegantes, es decir, para católicos  ocupados y preocupados por su presencia en el espacio público, que es como decir, el espacio propio de la ciudadanía. El aviso lo ha dado el diario “El País”, de la mano, de la pluma, de David Brooks, con el título “La próxima guerra cultural”. Y se ha publicado en el fin de semana del orgullo gay. Casualmente.

Sostiene este autor algunas tesis curiosas. Primero, que el cristianismo está en declive en los Estados Unidos. Así, sin matizar. No aclara qué cristianismos, dado que no es lo mismo el catolicismo, que el protestantismo, que el anglicanismo americano, que la ortodoxia de la inmigración.

Bien es cierto que en todo el texto se da una mezcla sorprendente de confesiones, y una mixtura entre religión y política, como si la principal forma de algunas confesiones fuera la política. No, si al fin y al cabo, quienes al final van a  creer de verdad en la separación entre la Iglesia y el Estado, Iglesia y política, ideología y fe, son los católicos. Hay quienes parece que no quieren saber de qué va la historia a estas alturas de la política.

Pero la tesis de fondo del artículo es que las confesiones cristianas, por más que se empeñen, han perdido la denominada batalla antropológica, en particular, la referida a los temas de sexo, de vida. “Los reveses más graves que se ha llevado el cristianismo –señala David Brooks-  se encuentran en el reino de los valores: la cultura estadounidense se está separando de las posturas cristianas ortodoxas en materia de homosexualidad, sexo antes del matrimonio, métodos anticonceptivos, hijos nacidos fuera del matrimonio y divorcio, entre toda una gama de cuestiones sociales”. 

Según esta autor, icono de la opinión de “The New York Times”, la clave es que la revolución sexual es imparable, y está minando al cristianismo considerado como conservador, tradicional –ojo con los adjetivos mantra-. Porque, ¿es posible un cristianismo con revolución sexual incluida? ¿Acaso el catolicismo no implica una revolución sexual? ¿Estaremos ante un problema de discurso, de lenguaje?

Como buen retórico, nuestro articulista ofrece una salida a su interlocutor, y le invita a recuperar la vena moral social desde pequeñas comunidades. Aquí no sabemos si está hablando de MacIntyre o de San Benito.

El aviso está ahí. Como solía repetir el maestro Alejandro Llano, del mayo del 68 queda la revolución sexual. Y hay quien lo sabe y lo está explotando.

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