Opinión

Sacerdotes con olor a oveja

Aurelio Fernández
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Hace poco fallecía a los 92 años el sacerdote don Rodrigo Fernández Salas, que ayudó con su dirección espiritual de hermano y amigo a miles de alumnos y padres del conocido Colegio Tajamar, situado en el distrito madrileño de Vallecas. Es una pequeña parte visible de su labor pastoral junto con otros sacerdotes, como don José Luis Saura, que incluía también levantar el nivel humano y cultural de este barrio desde los años sesenta. Además promovieron una cooperativa de viviendas para más de mil familias, y otras obras sociales en tiempos difíciles.

También ha fallecido en Madrid don Aurelio Fernández, gran teólogo y capellán, con una gran labor de orientación con jóvenes y matrimonios. Sus publicaciones, tanto para expertos como de divulgación teológica, siguen haciendo mucho bien a miles de lectores en los cinco continentes. No parece nada especial que los sacerdotes dejen una huella profunda en tantas personas, que un pastor sagrado «tenga olor a oveja», en la expresión del Papa Francisco, aunque sí merece ser destacado en los difíciles momentos actuales.

En este portal ha escrito José Francisco Serrano que «Es la hora de levantar la cabeza y hacer una campaña pública a favor de los sacerdotes». En efecto, y sin hacer campaña, son frecuentes los testimonios en forma cartas a la prensa o entrevistas, de muchos que manifiestan su agradecimiento por la labor pastoral y humana de obispos y sacerdotes cercanos: un párroco o un vicario, un capellán de colegio, de un hospital, o de una cárcel. En concreto, una carta en la prensa decía: «Soy hermana de un sacerdote y he comprobado que mi hermano y sus compañeros, han asumido el compromiso de seguir plenamente a Jesucristo célibe, y de servicio de caridad dedicando sus energías y corazón al servicio de todos. Luchan y viven ejemplarmente la castidad. Por lo visto sólo unos poquísimos han escandalizado con su conducta, aunque por la dosificación de informaciones parece que son muchos. Esto es muy injusto y lo padecemos también las familias como si sólo hubiese víctimas en los abusados. Una vez que se pone en marcha la maquinaria y el linchamiento público ya no tiene remedio».

Como es o era sabido, la inmensa mayoría de los sacerdotes, clérigos y religiosos viven y se comportan ejemplarmente ante una sociedad que se aparta de Dios y admite todo tipo de pecados y aberraciones contra la castidad, las víctimas son innumerables.

 
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