Opinión

Hacia otra ley de educación impuesta

Isabel Celaá, ministra de Educación.
photo_camera Isabel Celaá, ministra de Educación.

No hay pacto educativo de Estado y el anteproyecto presentado por Isabel Celáa sería la octava ley de educación en pocas décadas, una inseguridad e ineficacia que se refleja en los sucesivos informes internacionales sobre el nivel de los alumnos españoles.

La libertad está en juego

La comunidad educativa está encendida por este anteproyecto del Ministerio de Celáa. Primero los padres, y con ellos los profesores, la escuela concertada, y los alumnos. No es para menos porque supone un freno a la libertad de las familias para elegir la educación de los hijos, una de las cosas más necesarias y queridas: que no es un derecho social, como lo llama la izquierda clásica sino un derecho primordial de los padres. Está en juego la personalidad de los hijos, sus principios y sus valores. Está en juego la libertad y con ella las libertades.

Arrebatarles y frenar la iniciativa social ha sido siempre una querencia de los totalitarismos, tanto de izquierdas como de derechas. Siempre han soñado con la creación de un hombre nuevo, como si fueran algún mesías, eso sí, para una sociedad sin Dios. Incluso han intentado tandas veces construirla realmente, como aquella Nova Huta -en el barrio comunista de Cracovia- y su fracaso ya es histórico. Ahora en China hacen lo mismo. Hitler quiso apropiarse de la mente de las juventudes y también fracasó. De Stalin mejor no hablar. La diferencia hoy reside, me parece, en que las izquierdas inspiran y gobiernan una buena parte del mundo y las derechas -por seguir este tópico- lo hace en menos países. Y no gozan del mismo paraguas mediático.

Respetar a la mayoría

Ciertamente no está encendida toda la comunidad, pues hay padres que rechazan educar a sus hijos en la religión, sobre todo la católica. Hace poco una madre advertía a otra porque un hijo de ésta había hablado al de aquella de la primera Comunión, del Bautismo y de Jesús, ambos alumnos de una escuela laica. Exigía que no volviera a ocurrir. Con todo, esta postura contra la religión es minoritaria pues más del 60 % de la población en España se declara católica aunque luego no practiquen. Y algunos que ni siquiera bautizaron a sus hijos, rectifican cuando llega la edad de esa primera Comunión, unos por razón ambiental pero muchos más por darse cuenta de la que han limitado a sus hijos de raíces y de sentido de la trascendencia. De todos modos, la Iglesia defiende también la libertad de los padres para no elegir ninguna religión o la religión que les parezca. Es un derecho primario de las familias.

Comprobamos otra vez que el diálogo es un talismán engañoso en manos del Gobierno de Pedro Sánchez. No en las formas porque no hay el mínimo consenso, algo que exigía el socialismo en la oposición; y tampoco en el fondo de esta contrarreforma reductora con una concepción cerrada de la persona sin sentido de la trascendencia.

Asistimos a otro intento de asfixiar el derecho de las familias, la libertad de enseñanza, y la escuela concertada como una de segundo orden. Por lo visto el socialismo tiene miedo de que los padres católicos y la Iglesia les arrebaten la mente de los jóvenes. El cardenal Blázquez ha pedido «que la clase de Religión, se oferte como se viene ofertando, sin recortes y sin trampas, porque los padres tienen la responsabilidad de elegir la educación para sus hijos según sus convicciones».

 
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