Opinión

El Opus Dei, un camino de santificación

Mons. Fernando Ocáriz, nuevo prelado del Opus Dei.
photo_camera Mons. Fernando Ocáriz, nuevo prelado del Opus Dei.

El 4 de agosto de 2022, ha entrado en vigor el Motu proprio de papa Francisco Ad Charisma tuendum para enmarcar el carisma del Opus Dei recibido de su fundador, san Josemaría Escrivá, en la nueva configuración de la Curia Romana, pasando a depender del Dicasterio del Clero, así como otras determinaciones. 

Además de adaptar algunos aspectos relativos de la Prelatura a la nueva organización de la Curia Romana, de acuerdo con la Const. Praedicate Evangelium, esta disposición desea, en palabras de papa Francisco, «promover la acción evangelizadora que sus miembros llevan a cabo en el mundo». Por ello el Prelado Mons. Fernando Ocáriz ha escrito que: «Desearía que esta invitación del Santo Padre resonara con fuerza en cada una y en cada uno. Es una ocasión para profundizar en el espíritu que el Señor infundió en nuestro fundador y para compartirlo con muchas personas en el ambiente familiar, laboral y social».

La unión entre el fenómeno pastoral y la institución es clave para comprender la misión del Opus Dei y su estructura interna. Como es sabido la Prelatura está integrada por sacerdotes y seglares, unidos al Prelado como padre y pastor, que aspiran a promover la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado en medio del mundo, testimoniando que ese ideal es posible por la gracia de la vocación. Todos con la misma vocación de buscar la santidad en el mundo mediante las ocupaciones ordinarias y el ejercicio del apostolado de amistad en todos los ambientes.

El fundador siempre tuvo conciencia clara de que hasta el nombre es obra de Dios y que su misión en la tierra ha sido realizar esa precisa Voluntad de Dios en servicio de la Iglesia universal. Por eso este fenómeno pastoral se funde con la finalidad de la Iglesia, teniendo implicaciones teológicas y jurídicas que se han desarrollado en la vida casi centenaria de la institución. 

El Concilio Vaticano II y la santidad

La Constitución dogmática Lumen Gentium ha desarrollado el misterio de la Iglesia como instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano, destacando la llamada a la santidad para los bautizados como la perfección de la vida cristiana por la caridad. En cuanto Pueblo de Dios y Cuerpo Místico de Cristo el misterio de la Iglesia tiene una estructura jerárquica y la misión de extender el Reino de Dios hasta el fin de los tiempos. 

El sacerdocio común de los fieles bautizados y el sacerdocio ministerial se armonizan como realidades inseparables, el segundo para el servicio a la santidad de los fieles y el primero para ordenar las realidades terrenas hacia Dios que se ha revelado en Jesucristo.

Después de tratar por extenso sobre la Jerarquía y el episcopado en su ministerio de santificación, la Lumen Gentiumdedica el capítulo quinto a la vocación a la santidad y al apostolado de los laicos, la unidad en la diversidad, y con la libertad de los hijos de Dios.

Para llevar a cabo esa llamada a la santidad fue creada la figura canónica de las prelaturas personales e impulsado las asociaciones de fieles, teniendo en cuenta el desarrollo creciente de los movimientos laicales durante el siglo XX, como señal del desarrollo del Pueblo de Dios.

El Opus Dei, Prelatura personal

El 28 de noviembre de 1982 el Opus Dei fue erigido como prelatura personal de ámbito universal mediante la Constitución apostólica Ut sit, de Juan Pablo II, una figura jurídica que corresponde a su misma realidad carismática. Como una parte de la Iglesia, que es jerárquica y carismática a la vez, esa configuración del Opus Dei responde a su naturaleza y finalidad de extender la llamada universal a la santidad en medio del mundo. Esta configuración jurídica ha seguido un largo camino para adecuarla al carisma fundacional. 

Esta Prelatura está constituida por el prelado, con su presbiterio, y los laicos unidos orgánicamente para la misión específica de extender la llamada a la santidad en medio del mundo, a través de la santificación del trabajo y de las ocupaciones familiares y sociales. Todos sus fieles -sacerdotes y laicos, hombres y mujeres- tienen la misma vocación específica que refuerza los compromisos bautismales, y se unen mediante un compromiso libre y voluntario a esta Prelatura, es decir, de este modo algunos fieles de una diócesis son también fieles del Opus Dei que refuerza su pertenencia a la diócesis.  Parece innecesario insistir en ello aunque sí parece oportuno para evitar disyuntivas o paralelismos.

Al cumplirse los 25 años de la erección el Cardenal Camilo Ruini, Vicario General del Papa para la diócesis de Roma, destacaba el servicio a la diócesis que presta la Prelatura y la colaboración específica con el clero. En el mismo Congreso intervinieron Mons. Javier Echevarría, Mons. Fernando Ocáriz, y los profesores, Dalla Torre, Paul O’ Callaghan, o Carlos José Errázuriz. Este espíritu de comunión y servicio lo experimentan muchas diócesis en el mundo cuando solicitan ayuda del clero de la Prelatura en ocasiones como la Navidad, la Semana Santa, el verano y en otras ocasiones, o cuando envían seminaristas y sacerdotes a formarse en centros académicos impulsados por el Opus Dei.

Este camino de santidad se manifiesta también en los fieles del Opus Dei en proceso de beatificación, además de san Josemaría, del Beato Álvaro, y de la Beata Gaudalupe Ortiz de Landázuri. Así, los venerables Isidoro Zorzano y Montse Grases; el matrimonio Ortiz de Landázuri; el matrimonio Tomás y Paquita; los sacerdotes José Luis Múzquiz, José María Hernández Garnica, Adolfo Rodríguez Vidal, el obispo Juan Ignacio Larrea; Dora del Hoyo; el ingeniero Toni Zweizel; el médico Ernesto Cofiño; Encarnita Ortega; Marcelo Cámara. No en vano los santos son también lugar teológico para profundizar en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo.

A veces se ha visto en la Iglesia una disyuntiva entre las dimensiones del carisma y de la jerarquía, entre santidad y derecho, con el riesgo de oscurecer la acción del Espíritu Santo en la historia de la Iglesia y en el corazón de los hombres. Sin embargo no hay razón para ello porque la Iglesia es jerárquica y carismática a la vez, universal y particular, comunión sin uniformidad.

Además, el desarrollo de la sociedad avanza extendiendo la cultura, la movilidad, la comunicación o las redes, y naturalmente esto afecta a la Iglesia. Se hace más patente que el dinamismo de la Iglesia crece en la hora de los laicos. Si hace décadas la movilidad era reducida ahora es una realidad global. Si antes la atención pastoral era más territorial ahora en más personal. Si antes se hacía énfasis en la misión canónica, ahora se hace en el apostolado de los hijos de Dios. 

Jesús Ortiz López

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