Opinión

Sobre nueras y suegras

Rut y su suegra Noemí.
photo_camera Rut y su suegra Noemí.

«Por favor, que los jóvenes hablen con los abuelos, que los jóvenes hablen con los ancianos, que los ancianos hablen con los jóvenes. Este puente debemos restablecerlo fuerte, hay ahí una corriente de salvación, de felicidad», ha dicho el papa Francisco en su catequesis semanal. No habla solo de nueras y suegras cuando explica las enseñanzas del libro de Rut sobre la salvación divina ofrecida a todos.

Rut

Esta es la historia de una mujer extranjera en el pueblo de Israel de cuya descendencia nacería el rey David. Primero Rut decide dejar su pueblo y la familia de sus padres para ir a residir en Belén de Judá. La narración comienza cuando un judío llamado Elimélec salió de la tierra de Judá en tiempos de hambre y se dirigió a Moab. Allí, tras su muerte, sus hijos contrajeron matrimonio con dos jóvenes moabitas, llamadas Orpá y Rut; pero también estos fallecieron y quedaron tres mujeres viudas completamente en la pobreza y desprotegidas: la suegra Noemí, y sus nueras.

La grandeza de Rut se muestra cuando decide no volver a su parentela para quedarse con la suegra por fidelidad: «Adonde vayas iré y donde pases las noches las pasaré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios». Ante la generosidad de Rut, Noemí decidió aceptarla como a una hija. Cuando llegan a Belén, Rut salió como pobre a espigar tras los segadores con el fin de conseguir alimento para ella y su suegra, y Dios la bendijo por haber confiado en Él.

La segunda parte del libro de Rut refleja la costumbre tradicional de Israel que obligaba a proteger a los familiares desamparados por cualquier causa. Mientras Rut recogía espigas en el campo conoció a Booz, un pariente rico de su difunto suegro Elimélec. Cuando de regreso a casa se lo cuenta a Noemí ésta le dice que ese hombre es uno de los que podían ejercer esa acción protectora sobre ellas según la tradición. Y así Rut acude a buscar la protección de Booz y él admirado por las virtudes que descubre en la moabita, se enamora de ella y decide asumir esas responsabilidad tomándola por esposa: de ese matrimonio nacerá Obed, que llegaría a ser padre de Jesé y abuelo de David. Así, de la descendencia de Booz y Rut nacerá Jesucristo de la casa y familia de David.

La pedagogía de este libro de la Biblia abre una puerta a la dimensión universal de la salvación divina, frente al racismo o el exclusivismo religioso, y muestra que también fuera de Israel había mujeres buenas y fieles a Dios, y que Él contaba con ellas para hacer grandes cosas en la historia de la salvación.

La suegra ideal

Conocí a una suegra madre de familia numerosa y con varias nueras que escribió un pequeño libro titulado «La suegra ideal», invitando a suegras y nueras a vivir en armonía superando las diferencias, errores y malos entendidos.

La tradición cristiana ha visto reflejados en Rut todas las mujeres y los hombres de pueblos muy diversos que, al conocer al Señor, se incorporan a su Iglesia y encuentran en ella su casa. Es un testimonio del cuidado paternal de Dios hacia los hombres y la participación estrecha de las mujeres, en la corriente de amor en la historia como artífices de paz.

De la catequesis del Papa Francisco sobre este libro algunos han destacado unas palabras sobre las suegras y el cuidado de la lengua, aunque es preciso conocer el contexto así como sus palabra sobre el cuidado que han de tener los jóvenes de los mayores, tercera edad, o ancianos.

«Mirad bien la relación que vosotros tenéis con vuestras suegras: a veces son un poco especiales, pero te han dado la maternidad del cónyuge, te han dado todo. Al menos hay que hacerlas felices, para que lleven adelante su vejez con felicidad. Y si tienen algún defecto hay que ayudarlas a corregirse. También a vosotras suegras os digo: estad atentas a la lengua, porque la lengua es uno de los pecados más malos de las suegras, estad atentas. Y Rut en este libro acepta a la suegra y la hace revivir y la anciana Noemí asume la iniciativa de reabrir el futuro para Rut, en lugar de limitarse a disfrutar de su apoyo».

Y termina con este buen deseo: «Que el Señor nos ayude, haciendo esto, a crecer en armonía en las familias, esa armonía constructiva que va de los ancianos a los más jóvenes, ese bonito puente que nosotros debemos custodiar y cuidar».

Comentarios
Somos ECD
Queremos escucharte y queremos que nos ayudes