Opinión

La ruptura social

Abrazo Sánchez-Iglesias.
photo_camera Abrazo Sánchez-Iglesias.

Me parece que el problema principal que padecemos con este gobierno de izquierdas e independentistas es la ruptura del consenso social. Todo lo demás cae bajo este paraguas. Veamos.

Las relaciones entre los agentes sociales se sustentan sobre la base de no mentir y de la confianza en la honradez de las dos partes, sea entre particulares o en relación con las instituciones; sin embargo todo esto ha desaparecido con este «gobierno progresista». Los partidos -incluido sus socios- se miran con recelo pues no se fían, los empresarios lo mismo, tampoco la Comunidad Europea, menos aún el Poder Judicial, y de modo más amplio la gente corriente. Lo comprobamos en las conversaciones entre compañeros, en los trabajos, en las cafeterías, con los taxistas, y en las familias. Las bromas circulan por internet y sirven como válvula de escape para el desconcierto y la indignación, y también por el miedo al intervencionismo y la imposición abusiva, nada democrática ni progresista.

Pero este gobierno Frankenstein vive en su burbuja del cielo, pues ya no pisa las calles y es ajeno a la vida diaria, si bien tiene la férrea voluntad de cambiar la sociedad, metiendo sus manos en todos los ámbitos. Entre otros, la educación -"los hijos no pertenecen a los padres", Celáa dixit-; en las leyes sobre la vida y la muerte -le corre prisa una nueva Ley sobre la eutanasia, y la del aborto para las adolescentes al margen de sus padres-; la configuración de la nueva sexualidad polivalente -nombrando a Beatriz Gimeno directora del Instituto de la mujer, con un pasado tremendo sobre el sexo y la pornografía-; y también para someter al Poder Judicial. Y no es menos importante la anulación del Monarca interviniendo en sus altas funciones para dejarlo como una figura decorativa.

El nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general es el gran golpe asestado a la Judicatura siguiendo las pautas del «Nuevo paradigma constitucional», que pretende borrar la división de poderes tan esencial de la democracia. Se trata, en resumen, de cambiar la Constitución española por atrás y con la mano izquierda, sin consultar al pueblo español, en quien reside la soberanía de la nación.

Todo eso impuesto a gran velocidad como quien conquista un país revolviéndolo de arriba abajo, cambiando su historia, atentando contra su unidad, y peor aún destruyendo el tejido social sano contra la familia, la vida, y los principios morales. El primero de ellos es reconocer los fundamentos éticos prejurídicos de las leyes, la igualdad de todos ante la ley y, en la base, la indispensable veracidad y honradez entre las personas. En definitiva, el actual gobierno es lo opuesto a trabajar por el bien común, concepto que nada significa para el presidente.

La coalición de izquierdas y separatistas de Sánchez camina hacia el autoritarismo. Seguro que le importa una higa lo que la sociedad diga de él -incluidos los chistes y bromas- porque desprecia las palabras -tener palabra- y su objetivo no son los discursos sino los actos de fuerza o golpe de mano en el Poder judicial, en el Ministerio de educación, en la Sanidad, en el CIS, y en los medios de comunicación empezando por RTVE.  

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