Opinión

Georg Gänswein sobre la Iglesia actual (II)

El Papa Francisco con Monseñor Georg Gänswein.
photo_camera El Papa Francisco con Monseñor Georg Gänswein.

Fuerza civilizadora de la Iglesia

En la primera parte de este artículo consideraba que Gänswein conoce de cerca a muchas personas y personajes eclesiásticos y civiles. Por ello tiene una perspectiva amplia y profunda sobre los grandes problemas del mundo, y participa de las soluciones que proponen el Papa Francisco y Benedicto XVI.

Las personas y su dignidad

Las personas son lo primero y por ello el arzobispo ha dicho que: «Detrás de cada cámara, detrás de cada palabra escrita, detrás de cada libro, detrás de cada entrevista, hay personas». De ahí que el primer capítulo de este libro sea «María, Estrella de la mañana», al que seguirán otros con la perspectiva interna que indica el título de la obra, que es la nueva evangelización en un mundo en crisis que se olvida de Dios; por ejemplo: «Dios o nada», en la presentación del libro del cardenal Sarah; o la presentación de las «Últimas conversaciones», con entrevista de Seewald al papa Benedicto XVI, según acabamos de referir.

Son dos presentaciones hechas por Gänswein de estos libros de amplio calado intelectual y pastoral, pensando en las personas, en los católicos comprometidos con la transformación del mundo actual desde la fe, que está en la entraña y no como un envoltorio exterior y accidental. Ya desde los primeros tiempos en la carta a Diogneto se afirma con lenguaje sencillo que los cristianos son para el mundo lo que el alma es para el cuerpo, algo que recoge también el Vaticano II. O eso debería ser y notarse más en nuestro tiempo.

Otro capítulo se titula: «El pasado y el futuro de Europa». Lo que Europa puede aprender de su pasado romano, pues nos preocupa la pérdida de las raíces y frutos cristianos en Europa y en Occidente. Y resulta interesante que el siguiente capítulo sea «La santidad», porque el camino de la nueva evangelización pasa por conectar de nuevo con la santidad pedida por Jesucristo en el Evangelio y vivida por los primeros cristianos, y cuantos han procurado vivir la fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia a lo largo de los siglos, incluidos de modo especial el nuestros.

Han sido numerosas las canonizaciones celebradas por los últimos Pontífices, a partir de san Juan Pablo II, como muestra de que el Espíritu Santo sigue actuando y que hay mucha luz en medio de las tinieblas. Gentes, hombres, mujeres, jóvenes que han impresionado a quienes les trataron y muchos más a su alrededor, y han vivido una fe fuerte y han levantado la esperanza de todos, como la Madre Angélica -a la que dedica un capítulo-, que en medio de dificultades ha levantado unas empresas para difundir con actualidad el Evangelio, y con él la fidelidad de Jesucristo y a su Iglesia.

No deja de exponer el 11S de la Iglesia católica en otro capítulo refiriendo el daño causado por los abusos de clérigos, quizá la cruz más pesada de los últimos Papas junto con los ataques a la unidad de la Iglesia y al conjunto de la fe profesada, celebrada y vivida. De ahí que en la presentación del libro de Dreher, «La opción benedictina» -con perspectiva de renovación cultural que supere el laicismo actual- recuerde aquella anécdota, quizá real, del diálogo entre un cardenal y Napoleón que presumía de poder destruir la Iglesia, a lo cual respondió el eclesiástico: Su majestad; nosotros, el clero hemos hecho todo lo posible durante mil ochocientos años para destruir la Iglesia. No lo logramos. Tampoco usted lo conseguirá […]. Cuatro años después de que los benedictinos fueran expulsados de su monasterio en Nursia, el imperio de Napoleón estaba en ruinas y el presuntuoso emperador estaba en el exilio»

Dignidad y ley natural

El última capítulo nos sitúa en la encrucijada, con una conferencia pronunciada ante el Tribunal Constitucional de Alemania en Karlsruhe como parte de un ciclo sobre Iglesia y Derecho.  Consideraba Gänswein que hasta la modernidad razón y naturaleza han sido fuentes de universalmente válidas del derecho; sin embargo ahora la doctrina sobre la ley natural se considera como algo específicamente católico que muchos no mencionan y menos aplican.

Ante ese auditorio el Prefecto se preguntaba ¿por qué los emigrantes vienen a Europa y no a China o a los Emiratos? Porque hemos conocido al Niño al que debemos la base más importante de nuestro mundo cristiano. Por ello su respuesta apunta a la dignidad de todas las personas creadas a imagen de Dios, algo que no está claro en esas otras culturas, ni en el principio ni en la práctica ni el fin. Y no teme decir que ser sano o enfermo, pertenecer a una raza o a otra, ser homosexual o heterosexual es algo accidental, aunque afirmando con claridad que todos están llamados a la santidad en un horizonte de eternidad, a vivir el Padrenuestro y la caridad, y a luchar contra los propios pecados acudiendo al perdón de Jesucristo.

La dignidad humana desde la óptica cristiana es global y no está sometida a intereses partidistas ni a inventos de una Constitución: «uno no tiene dignidad humana como tiene una pierna o un cerebro El hombre no adquiere su dignidad,  y por lo tanto no puede perderla. Se da a cada personal incluso antes de que comience su concepción, y forma pare de la voluntad de Dios crear personas a su imagen y semejanza».                                        

Afirma que la dignidad humana no es un subjuntivo (una posibilidad) sino un indicativo (una realidad presente), y aún más un imperativo, que la Iglesia en su doctrina y en la práctica de los fieles se esfuerzan por desarrollarlo en todos los ámbitos del saber, desde el derecho a la medicina, pasando por los medios de comunicación.

Por ello considera que: «Es poco probable que los cristianos católicos y protestantes construyan nuevas catedrales en nuestros días. Más esenciales que las catedrales de piedra, sin embargo, son los de piedra viva, cotidiana. Ellos y sus pastores tienen que volver a llegar radicalmente al cielo y a la eternidad, prepararse para esa Segunda Venida de Cristo que profesan en el credo que comparten, para que la Iglesia vuelva a brillar y fascine».

En resumen

Otras consideraciones hace el arzobispo Georg al hilo de algunas entrevistas, conferencias y presentaciones. Siempre destacando el núcleo principal de las aportaciones de la Iglesia a la cultura, la política y la dignidad de todas las personas. En realidad estos escritos están centrados en Jesucristo, sin el cual la Iglesia quedaría reducida a una internacional de la solidaridad y complementaria con los Estados y organismos internacionales. Desde la fe en Jesucristo esta Iglesia sirve a todos los hombres, defendiendo siempre su dignidad como hijos de Dios. Supera el nivel religioso, ético o político porque, como se descubre en los mensajes de los Papas y también en estas aportaciones personales de Gänswein, tiene la misión de llevar el Evangelio de Jesucristo a los hombres de todo tiempo y lugar.

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