Opinión

Amazonia y respeto a la vida

Representantes musulmanes, judios y cristianos firman declaración común contra la eutanasia.
photo_camera Representantes musulmanes, judios y cristianos firman declaración común contra la eutanasia.

Dos noticias sobre el momento actual de la Iglesia y distintas en su repercusión, aunque con una base común: el respeto a la vida. Por una parte, el Sínodo de la Amazonia reclama mayor respeto para esa importante zona del planeta, de acuerdo con la teología de la Creación. Como ha escrito el Papa Francisco el mejor ecologismo se fundamenta en la antropología integral y exige el respeto de la vida humana. Por otra parte, es noticia una declaración interreligiosa que defiende la vida humana especialmente frente a la eutanasia. La primera noticia ha tenido gran repercusión en los medios mientras que la segunda aparece con timidez.

El Sínodo de la Amazonia

Para algunos el documento final del Sínodo sobre la Amazonia es una novedad que cambiará la pastoral de la Iglesia a medio plazo. Habrá que esperar al documento del Papa Francisco después de un Sínodo: unos días de comentarios para sacar punta en un sentido u otro y después silencio, y probablemente se activarán algunas prácticas para mejorar la atención de los fieles en esa zona. Esto significa ante todo conocer y centrar la vida en Jesucristo, único redentor del hombre: en eso consiste la evangelización que purifica las culturas.

Además, el Sínodo propone mejorar la formación espiritual y humana de los sacerdotes para que no se confundan con agentes sociales pues, como enseñaba san Pablo VI, entre evangelización y promoción humana hay fuertes lazos pero no se identifican con la liberación temporal, pues se acabaría por convertir el Evangelio en una ideología. Con otras palabras, se trata de evitar tanto la secularización de los sacerdotes como la clericalización de los laicos, según escribe el Papa Francisco.

La Declaración interreligiosa

La otra noticia destaca que cristianos, musulmanes y judíos han firmado una declaración que rechaza la eutanasia y el suicidio asistido, mientras defiende el derecho a la vida de toda persona, en particular en su fase terminal. Y también defiende el derecho de objeción de conciencia para los sanitarios que se encuentren ante la imposición práctica de la eutanasia. A instancia del rabino Abraham Steinbeg estas grandes religiones monoteístas declaran que «la eutanasia es inmoral e intrínsecamente errónea», y rechaza la presión que se hace sobre los pacientes terminales para que dejen de ser una carga y quieran acabar con su vida.

Esta declaración es un gran paso para la relación entre las grandes religiones que coinciden en el reconocimiento y alabanza del Dios único, y por ello tienen una concepción semejante respecto a la dignidad de toda persona. De ahí que se opongan a la manipulación de los enfermos, de sus familiares y de la opinión pública. Y en positivo abogan por aumentar los cuidados paliativos que proporcionan alivio y mitigan el dolor de los pacientes.

En estos años, y a pesar de la presión de la «incultura de la muerte», se ha avanzado mucho en cuidados paliativos que integran la dimensión sanitaria, psicológica y espiritual. Frente a los casos singulares trágicos expuestos en los medios, televisión, radios, y prensa, todos conocemos otros muchos casos protagonizados por familias y profesionales de la sanidad, que atienden con gran humanidad a los pacientes. El resultado es la paz de quien reconoce que la vida es un don de Dios, o al menos que tiene un sentido más allá de la extinción.

Dos noticias pues que implican a la Iglesia de distinta manera. Una siembra desconcierto y preocupación entre los fieles por los intentos de utilizar una situación determinada para cambiar la pastoral y la doctrina sobre los sacramentos de la Iglesia universal. No lo conseguirán como tampoco lo han logrado algunos desde hace quinientos años. En cambio, la otra noticia muestra la lucha diaria de la Iglesia y otras religiones en favor de la vida y de la dignidad humana frente a cualquier esclavitud, algo que tiene mucho más calado para el presente y el futuro de la humanidad.

Sería oportuno prescindir de las anteojeras para distinguir la realidad a medio y largo plazo. Y desde luego dejar el orgullo de considerar rígidos y ritualistas a los hermanos que no se prestan a las maniobras del poder.

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