Opinión

La vuelta de Jaime Mayor Oreja

Jaime Mayor Oreja.
photo_camera Jaime Mayor Oreja.

Dicen que Santiago Abascal le había ofrecido a Jaime Mayor Oreja ser el candidato en la moción de censura viniente. Si así hubiera sido, el líder de VOX acertó en la persona que bien pudiera poner un poco de orden en el desgobierno que nos arrastra. Al menos en el desgobierno de la confusión de ideas rectoras de la política.

No es necesario que haga ninguna semblanza de Jaime Mayor Oreja. Suficientemente conocido por los lectores, es el político español, o el post-político español, católico, que más está haciendo por las batallas culturales desde la propuesta cristiana.

El concepto de “culture Wars” fue creado por James D. Hunter para hacer referencia “al tipo de enfrentamiento que se alimenta, fundamentalmente, de la sustentación de cosmovisiones ideológicas, políticas, sociales y morales diferentes y que se dirime, también básicamente, en el amplio terreno de la cultura”.

Me parece curioso, por ejemplo, que Jaime no sea un invitado habitual a los foros episcopales y eclesiales de turno. Por ejemplo, se celebró no hace mucho un Congreso de laicos de oficio en el que participaron varios políticos, cristianos socialistas algunos, y se obviaron nombres como el de Jaime. Pero tampoco se trata de ejercitar la memoria.

Resulta más que curioso que, con su experiencia, en vez de dedicarse a ganar dinero, a hacer lobby, se empeñe en batallas culturales y éticas que aparentemente están perdidas en las sociedades secularizadas. Si hubiera querido seguir en la política activa partidista, seguro que sus desvelos serían otros. Pero se ha entregado a una política de conciencia, la batalla para hacer que las sociedades occidentales recuperen algo de lo mejor que dieron antes de su colapso.

Una muestra de este empeño de Jaime ha sido su trabajo para aglutinar a más de un centenar de intelectuales, de todo signo, de toda procedencia ideológicas y de pensamiento, en un manifiesto contra la eutanasia.

Trasversal, digo, para que no vengan diciendo que la defensa de la vida, la lucha contra esa cultura eutanásica que se nos quiete imponer, es solo cuestión de la gente de derechas. Hay entre los firmantes eximios socialistas y comunistas que saben de qué se trata cuando de defender la vida se refiere.

Ahí está el manifiesto de la plataforma de los 7000, una plataforma que tiene como objetivo alentar la democracia participativa. Por ejemplo, promover una proposición de ley para limitar la pornografía y otra para detener la ley de eutanasia.

Está claro que si la sociedad civil se mueve hacia cauces de democracia participativa directa es porque el concepto de representación de la partitocracia ha empezado a hacer agua.

Hace mucho que se diluyó la presencia e influencia de los católicos en los partidos hegemónicos españoles. Es posible que en el PP, Pablo Casado se haya quitado de encima a Cayetana, que es a la que echaban la culpa de que se frenara toda acción de defensa de valores cristianos y de cuestiones morales.

Pero lo que no parece que se haya quitado de encima el líder del PP es la modorra que les impide entrar en las batallas culturales de nuestro tiempo, que por desgracia, en España, suelen identificarse como batallas por lo cristiano. Y si además, VOX les adelanta ahí sacando pecho, no digamos.

Quizá lo que le falte al PP de hoy es la generación de políticos católicos como Mayor Oreja. El salto en el tiempo ha sido demasiado letal para ese partido.

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