Opinión

La Vicepresidenta trampa

Carmen Calvo y el cardenal Parolin
photo_camera Carmen Calvo y el cardenal Parolin

Ya se pueden imaginar ustedes qué es lo propio de un gobierno trampa –véase acepción octava del Diccionario normativo-. Lo que intenta desde hace tiempo Pedro Sánchez con la Iglesia.

Y muestra evidente de esta estrategia es el caso de la visita de la Vicepresidenta, Carmen Calvo, al Vaticano para conversar diplomáticamente con el cardenal Pietro Parolin, que es el caso del comunicado del gobierno, que es el caso de las declaraciones posteriores en el Congreso de la Vicepresidenta, que es el caso de la rectificación del Vaticano, que es todo un caso para encubrir una causa.

La principal trampa que el gobierno le ha puesto a la Iglesia en estos últimos tiempos ha sido la trampa de la política. El Ejecutivo está haciendo todo lo posible para que la Iglesia se entregue en brazos de la política, caiga en las redes de la política y de los casos políticos que el gobierno fabrica.

Por lo tanto, que asimile el error de aparecer como un actor político, que no público, más, para, al final, dar a entender que los problemas los tiene la Iglesia y no el gobierno. Incluso que es la Iglesia quien crea los problemas –véase acaso de las inmatriculaciones-. Parafraseemos aquello orteguiano de que España es el problema, y la Iglesia la solución.

El ejemplo de libro es el caso de la exhumación de Franco. Este caso y esta causa es un problema netamente político, creado por el gobierno y gestionado por el gobierno. Mal gestionado, por cierto. La Iglesia, por más que se haya empeñado el Ejecutivo en hacerle partícipe de su estrategia, debiera tener claro que al ser una cuestión política no es suya. A no ser que la Iglesia esté en el juego, en el subterráneo principalmente, por razones inconfesables.

¿O acaso este tiempo de dirección eclesial de la iglesia en España no se caracterizaba por estar la margen de la política con el silencio sobre la cosa pública? ¿O acaso la Iglesia en España no estada empeñada a fondo en la nueva pedagogía de la desinfección política?

Por cierto, hablando de desinfecciones, a estas alturas de la historia ya sabemos que no hay poder político, ni partido político, que sea un desinfectante moral.

La defensa de la libertad de la Iglesia, como ejercicio de la libertad religiosa, es, sin duda, una de las grandes tareas del futuro de las sociedades plurales y secularizadas. No estaría demás que el caso de Franco se analizara desde esta perspectiva de la libertad de la Iglesia. 

Por tanto, la competencia respecto al cadáver de Franco es de las relaciones entre el gobierno y la familia. Será el momento en el que se resuelva, o no, el conflicto entre las dos partes cuando y dónde deba intervenir la Iglesia para hacer lo que le es propio. Y no dudemos respecto a que la Iglesia no sepa hacer lo que le es propio.

En la dinámica de implicaciones es evidente que los medios de comunicación no han querido dejar al margen a la Iglesia. Los medios juegan a la política y no pocas veces lo hacen en el mismo equipo del gobierno. En este sentido sorprende determinada sobreexposición episcopal sobre esta materia.

Pues resulta que ahora el gobierno no solo quiere implicar a la iglesia en España sino que se va a Roma, con una doble agenda, la pública y la privada. Ahí está el texto posterior, que bien pudiera haber sido titulado como la película: “Lo que la verdad esconde” Y lo que la verdad esconde es la estrategia cultural de la izquierda, marxista en su origen, de transposición, de derivación de la responsabilidad política y pública.

Pero claro, en Roma, han dado con la curia de los Palacios Apostólicos. Y allí el cardenal Pietro Parolin ha querido dejar claro lo que es de Dios y lo que es del César.

Del César, en origen, es el caso de Franco, las inmatriculaciones –competencia en el ámbito legislativo-, los mal llamados privilegios fiscales. Del Vaticano son los Acuerdos Iglesia-Estado, con los casos de la clase de religión, inviolabilidad de los lugares de culto, etc-, y el paso siguiente, hacer viable o no la foto de Pedro Sánchez con el Papa. Pero esa es otra jugada que se ha complicado con la rectificación del Vaticano a la Vicepresidenta. Que también de eso se trata.

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