Opinión

Teología, mujeres y clericalismo

María José Olesti.
photo_camera María José Olesti.

Estuve el pasado jueves en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. No había estado antes y me dio la impresión de que soplan vientos nuevos y renovados, quizá, entre otras razones, por la elección de un nuevo equipo director, con un recién estrenado Decano, el profesor Gregorio Guitián. 

Por cierto que con la libertad o inconsciencia que últimamente me poseen, cuando le pregunté de qué área de conocimiento era, y me respondió que de moral social, solo se me ocurrió decirle que era de la misma que el rector de Comillas.

También tuve la oportunidad de saludar a unos cuantos profesores a quienes conocía por sus libros. Para una generación de estudiantes de teología en los noventa, los libros de Navarra eran un bálsamo. Bueno, y también de reencontrarme con don Vicente Balaguer, por eso de aquellos años inquietos de
brumas del norte, mi bahía, mi clásica y romántica bahía.

El motivo fue una jornada sobre la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Tengo que confesar que las dos ponentes mujeres, María José Olesti, directora general de The Family Watch, y la catedrática de la Universidad de la Rioja, Ana María Vega, me sorprendieron por la valentía y la frescura con la que hicieron algunas afirmaciones ante tan grave auditorio.

Cuando escribo esto me estoy censurando. Solo digo que no se imaginan cómo sonó, en un momento en el que se hablaba de exégesis bíblica, la palabra “menstruación” en tal contexto.

Se habló, con total libertad, siempre con un alto nivel intelectual, académico, de lo femenino, de feminismo, de Género, de los derechos y la dignidad de las mujeres, del discurso público femenino. Por cierto que hay una palabra que me produce alergia, “empoderamiento”, que no se utilizó porque no es obligatorio repetirla para analizar estos procesos históricos.

Cómo no, también hubo reflexión sobre las mujeres en la Iglesia, lo que afirma el Papa Francisco, lo que dijeron san Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo que escribió Joseph Ratzinger, de las diaconisas y el eterno retorno de las comisiones para su estudio, del mantra de la ordenación de la mujer, de la necesidad de sacar esta polémica del sacramento del orden y llevarla dónde debe estar, en primera
instancia, en el del bautismo.

Pero de lo que se habló también fue del clericalismo, del viejo y del nuevo clericalismo, que es, en gran media, el freno cultural, de cultura institucional incluso, que en la Iglesia imposibilita que las mujeres puedan estar donde pueden e, incluso, deben.

Un clericalismo en las mentalidades, en las actuaciones, en las relaciones. Un clericalismo que campea por nuestros predios y que ahora está de moda en determinados ámbitos. Quizá emerja cuando lo que se gestiona es la decadencia, que tiene incluso forma de convocatorias multitudinarias auto-referenciales. 

En fin, nada nuevo. Me quedo con lo que la teóloga Anne-Marie Pelletier escribió en el libro “El cristianismo y las mujeres”, BAC, Madrid, 2002. “Silenciosamente pero eficazmente, estas cristianas han hecho la historia, al lado de multitud de mujeres de toda época y cultura que, desde la noche de los tiempos, tejen ternura, dan luz, alimentan, educan, lloran a los muertos, consuelan a los que
lloran... Ellas han constituido la historia profunda, la única que vale y dura. Por eso, no es justo hablar de una historia perdida de las mujeres. Nada de lo que se hace amando está perdido. Por el contrario, todo está perdido en el que ignora esta verdad”.

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