Opinión

Schoenstatt, Comunión y Liberación… ¿y quién más?

Julián Carrón.
photo_camera Julián Carrón.

A finales de la semana pasada, se produjo una constelación de coincidencias informativas sobre una serie de queridas instituciones de Iglesia que, ciertamente, hicieron, a más de uno, dar un salto en la silla.

Los periodistas sabemos muy bien qué noticia es la que produce comentarios. Y, ciertamente, por las llamadas telefónicas, y los mensajes, desde primera hora, se nos avecinaba una jornada caliente.

El titular, y solo el titular, referido al P. José Kentenich, decía “El fundador de Schoenstatt, acusado de abuso sexual y de poder por sus propias monjas”. No tenía nada que ver con el que aludía a Comunión y Liberación, cuyo problema es otro, tal y como quedaba también reflejado en el titular: “La Santa Sede interviene la asociación laical Memores Domini del movimiento Comunión y Liberación”.

Insisto en que los casos y las causas son distintos.

En el primero hay una investigación que afecta a la vida del fundador y a su relación con la rama femenina. Pero no se ha dado difusión al comunicado del P. Juan Pablo Catoggio, desde la Presidencia de Schoenstatt, en el que aclara la génesis de las acusaciones que tiene como uno de los referentes el diario del jesuita Sebastián Tromp, y la utilización que de esta fuente hace la historiadora Alexandra von Teuffenbach. Schoenstatt, con argumentos razonados, niega rotundamente las acusaciones de abuso sexual por parte del padre Kentenich. De hecho, entre otros argumentos, no se hubiera podido abrir el proceso de canonización si el Nihil Obstat de la Congregación para la Doctrina de la fe que estudió el caso.

En el segundo, el asunto, informativamente, no está muy claro, porque parece que se habla de varios temas no especificados. El primero, el hecho de que el Presidente Internacional de Comunión y Liberación, Julián Carrón, sea a la vez Asesor Eclesiástico de los Memores.

También se hace referencia a la división interna en este movimiento. Incluso se dice que se desarrolla este proceso para fomentar la libertad. Tengo que confesar, por cierto, que si conozco una realidad de Iglesia donde haya visto a sus miembros debatir libremente los temas ha sido en CL.

Esperemos tener más información al respecto, tanto de un caso como de otro.

Por cierto, son dos realidades de Iglesia que han dado numerosísimos frutos. Incluso podría decir que, cuando en el Vaticano han tomado estas medidas, lo habrán pensado dos veces dado que en el Colegio cardenalicio hay miembros destacados que proceden de estos movimientos.

Pero lo que me llama la atención es que parecía que los procesos de, no sé cómo llamarlo, purificación, reforma, renovación, de determinadas instituciones que habían sido paradigmáticas del pontificado del Papa Juan Pablo II, había concluido. Pues va a ser que no. La historia continúa.  Tanta coincidencia me parece un pelín sospechosa. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Y, segundo, ofrezco una clave subyacente para el debate privado y, si alguien lo tiene a bien, público: la cuestión de la relación entre fuero interno y externo. ¿Hasta qué punto la comprensión de la relación entre fuero interno y externo, según la tradición jesuítica, está influyendo a la hora de intervenir en determinadas instituciones? ¿Es esta cuestión la que está evolucionando en este pontificado? ¿Hacia dónde?

                          

Comentarios
Somos ECD
Queremos escucharte y queremos que nos ayudes